En la soledad del balneario


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Acuarela de J. M. W. Turner

Después de dos hermosas semanas en casa de una atractiva aristócrata he vuelto al balneario. La única condición que me impuso para estar en su casa era que guardara un estricto silencio y anonimato, conociendo mi facilidad para describir personas y paisajes. Eso hice con cierto dolor de estómago porque realmente deseaba relatar con detalle todo lo vivido. Pero hice caso y hoy me marché fiel a la promesa.

Lo bonito de tener amigos en todas partes del mundo es que puedes visitarlos y estar un rato con ellos. Al no tener coche, los ratos se hacen largos, como ha ocurrido esta vez. Ir a un sitio para estar unos días y terminar allí durante dos semanas a la vista de los exquisitos cuidados recibidos. Admito que la vida bucólica del campo tiene su belleza y te engancha cuando vives en un palacio con todas las comodidades del mundo y encima puedes pasear por los bosques y campos propiedad del anfitrión con toda libertad y desapego. La buena compañía, el trato amable, las risas y la complicidad hacen de la experiencia algo único e irrepetible. Hoy me despedía con cierta nostalgia de mi habitación, mientras por la ventana veía los caballos, los bosques, las montañas.

Tuve la suerte de tener hace tiempo una pareja baronesa, de la haute bourgeoisie, diplomática de profesión y con la que tuve la suerte de conocer la exquisitez de ese complejo mundo de las formas. Eso me ha permitido pasar dos semanas atendiendo a la elegancia que el lugar merecía, pero también me ha permitido, dada mi necesidad de romper esquemas, el poder bajar al barro, a la huerta o a las cuadras y atender las necesidades de la recogida de leña o estiércol sin que por ello se me cayera ningún anillo. Algunas horas de elegancia, especialmente intelectual, mezcladas con horas de auténtico fango. Todo un placer difícil de conjugar.

La elegancia y la propia mirada aristócrata era diferente a la que podía vivir y representar en mis tiempos de embajador consorte, donde tenía que ir, metro en mano, midiendo la separación entre cubierto y cubierto. Lo sublime de poder estar frente a personas de una excelsa inteligencia y una suprema distinción espiritual es que te hacen ver el mundo de diferente forma, te hacen apreciar la vida con un sistema de valores renovado, sin necesidad de aburridas medidas, pudiendo expresar desde el más absoluto caos verdades complejas. Te hace, de paso comprobar, que la riqueza interior puede venir acompañada de mil añadidos apasionantes que para nada incomodan al que los sabe apreciar. Así que hoy me marché, tras un periplo penoso, agradecido por la experiencia y la acogida, por las horas de conversación y las divertidas tardes de broma y alegría. Ya se echa de menos la bella sonrisa amable, la elegancia y esbeltez de esa alma noble a la que estaré por siempre en deuda.

Y ahora, tras meses sin pisar este tranquilo lugar, me encuentro de nuevo sumido en la soledad, recordando tantos y tantos viajes, tantas y tantas aventuras, tantos y tantos amigos que me han acogido y con los que he disfrutado mientras me sanaba. De nuevo solo, ideando ya el próximo viaje, la próxima aventura y con el convencimiento de que seguiré empeñado en tomarme este año sabático cueste lo que cueste.

Por suerte, y debido al trabajo intenso que estoy realizando a pesar de tanto viaje y ausencia, estoy saneando la economía de la empresa y estoy creando valor para el futuro. Eso me anima a seguir lejos de todo compromiso más allá que el que requiere mi trabajo y mi recuperación. Estaré por aquí unos días, repasaré las cientos de cartas que han llegado, pondré orden en algunos asuntos y me lanzaré de nuevo al Camino. Esta vez sin un rumbo fijo, de nuevo improvisando, tal vez hacia tierras del sur, buscando el calor amable de la primavera y la acogida de algún otro anfitrión. Andaremos y veremos. Esa es la consigna.

De nuevo agradecimiento a todos los que habéis hecho posible este periplo sanador y gracias por volverme de nuevo al centro que nunca debí perder. Aquí en el balneario todo parece tranquilo y en paz. Siento mucho agradecimiento y mucho amor por la vida. Ahora tendré tiempo de mirar de nuevo al horizonte mientras descanso en soledad e ilusión renovada.

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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2 respuestas a “En la soledad del balneario

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