Vivir en la amable nostalgia


 

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Todos aquellos que pasaron por nuestras vidas siguen, de alguna manera, dentro de nosotros. Es como si una parte de su alma nos acompañara por nuestros caminos. Por eso resulta hermoso honrar la memoria de aquellos familiares, amigos y parejas que compartieron un trozo de existencia a nuestro lado. Siempre nos cuesta entender, especialmente en el ámbito de la pareja, cómo es posible que personas que durante un gran tiempo de vida nos desearon y nos quisieron como a nadie, luego de repente, a veces de la noche a la mañana, desaparecen para siempre. Es algo que ocurre con excesiva frecuencia cuando, si de verdad fuéramos personas adultas y psicológicamente maduras, deberíamos siempre tener un trato amable y hermoso con esos seres. Al fin y al cabo, alguna vez significaron mucho para nosotros, y de alguna forma, esos vínculos, más o menos fuertes, siguen ahí.

Lo complejo, sin duda, es despojarse del recuerdo, del vínculo. Algunos incluso parecen como si caminaran a nuestro lado aún, tal es su fuerza. Personas que marcaron para siempre nuestras vidas y que ahora las pensamos con nostalgia, con esa añoranza propia de los tiempos que pasan entre otoño y otoño y rezuma susurrando en los adentros. Resulta una bonita experiencia. De alguna manera, es como si pudieras abrazar uno a uno a esos melancólicos sueños desvanecidos en la memoria. Como si en el lazo místico fuera posible entrever todo aquello que fue o todo aquello que nunca fue pero que podría haber sido. Como si en diferentes dimensiones se reencontraran almas que aún siguen vivas dentro de nosotros.

En estos meses de soledad, esa sensación ha sido fuerte y duradera. Nadie faltaba a la fiesta, todos estaban presentes en ese mundo del recuerdo y la nostalgia. Y durante la jornada, era como si siempre hubiera un hueco para estar con unos y con otros, paseando por aquellos Alpes, visitando aquellos lugares lejanos, en la sala de un cine o tomando un café a media mañana.

Pero en el otro lado, en el otro lado los abrazos continúan, como el amor universal, invisible y todopoderoso y que no puede ser encapsulado en ninguna realidad. Y allí, desde el lazo místico, uno puede abrazar a los seres queridos, estén o no presentes en nuestras vidas, y amar, amar siempre, aunque sea en silencio.

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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