Teoría de las variables ocultas


 

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© Terry Wilson 

A pesar de los años, a pesar de los daños, uno no teme volver a empezar de cero, leía hoy en las redes. Parece que así es. Tenemos siempre la capacidad de rehacer nuestras vidas, de volver a empezar una y otra vez con la esperanza de que volveremos a reencontrarnos de frente con la felicidad, con el cariño de la vida, con el amor que infunde el misterioso devenir de la existencia. En estos días estoy viviendo con mucha intensidad ese reencuentro con la vida. Ese apretar constante, ese ímpetu y vigor por adueñarnos de la urgencia de todo lo que respira, de todo lo que nos rodea, de todo, inclusive, aquello que parece invisible a nuestros ojos.

Es esa dimensión, la oculta, la invisible, la que más entusiasmo agolpa entre aquellos que desean volver a empezar. Vivimos ante una descripción incompleta del mundo físico. La física cuántica ya hace grandes esfuerzos para revelar algunos acontecimientos inexplicables. La teoría de las variables ocultas pretende dotar de significado a esas cosas que se nos escapan a la lógica, pero son esas variables ocultas las que más se alejan de nuestra imaginación, las que más difícil acceso dispone para nosotros.

Imaginemos, por poner un solo ejemplo, que fuera el futuro el que construyera el pasado. A veces tenemos la sensación de conocer a alguien y pensar sobre esa persona que la conocemos de toda la vida. Pensamos siempre con cierta gracia que quizás ese reconocimiento, esa reminiscencia, provenga del pasado, de una vida anterior, de otras vidas compartidas. Pero nunca llegamos a pensar que quizás ese recuerdo provenga del futuro. Es decir, podría ser que conectáramos con ese ser por todo lo que el futuro nos transmite del mismo. Nos atrae esta u otra persona porque hay lazos indestructibles que vienen de una posterior relación. Esta podría ser una variable oculta que se nos escapa. Tener la percepción, la intuición, de que quizás lo que estamos viviendo no es un producto de nuestro presente, ni siquiera como resultado de nuestras acciones pasadas, sino que todo proviene del mañana.

Por eso, a pesar de los años, a pesar de los daños, uno no teme volver a empezar de cero, porque de alguna manera, podría ser que todo lo que hacemos no venga del ayer, sino del mañana. Y mañana siempre es esperanza, fe, ilusión, confianza. Pensar en que podemos volver a empezar, a pesar de todo, nos llena de vida futura, que es al mismo tiempo presente, manifestación de lo manifestado en una línea diferente de tiempo, en una variable oculta aún por descifrar. Empezar una y otra vez, como si fuera eso lo único verdaderamente importante, sin rencor, sin miedo, sin duda.

Ahí están las variables ocultas para descifrar, desde la intuición, el porqué ocurren algunos acontecimientos que te dan esperanza de vida. Ahí están los secretos del Viejo, como lo llamaba Einstein, para aprender a vivir siempre con precipitación. Volver a empezar una y otra vez, tantas veces como haga falta. En esas andamos, sin perspectiva, pero con valentía, con fe, con esperanza.

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