Discernimiento


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Esta mañana me desperté a eso de las cinco totalmente despejado, con la mente clara, el corazón caliente, la vida por delante. A las seis y media asistí a la “early morning meditation” que durante una larga hora nos ayuda mediante el enfoque del pensamiento a adueñarnos de la posibilidad de discernir. Luego volví a casa y desayuné con la hermosa anfitriona, con la que tengo largas charlas sobre política, espiritualidad o la vida y sus misterios. Son momentos que se hacen cortos en las comidas pero agradables, porque sin atosigarnos, podemos entablar conversaciones de todo tipo.

Me gusta la educación de estos países donde te saludan amigablemente dándote los buenos días con una agradable sonrisa y donde las formas siempre vienen bien acompañadas del fondo. Últimamente me he vuelto un amante de las formas, no de aquellas hipócritas que desentonan en la cortesía, sino de aquellas sinceras, que nacen del corazón, haciendo que lo valiente nunca se disocie de lo cortés. Educación, cortesía, trato y corrección. Simple y llanamente hermoso. Pequeños detalles que a veces olvidamos y que marcan y difieren radicalmente nuestras vidas y nuestras relaciones. Por eso es necesario discernir, para acercarnos a lo hermoso y agradable y desechar lo tosco e insípido.

Discernir es una poderosa herramienta que hace que nuestras vidas se configuren de una u otra manera. Si estamos atentos, la vida siempre nos pone ante nosotros varios caminos, varias posibilidades, infinitas sendas para que nuestros escenarios nos ayuden a resolver las incógnitas a las que hemos venido a enfrentar. Discernir no es solo levantarnos para ver qué ropa nos ponemos por la mañana temprano. Es también decidir qué personas entran en nuestras vidas, qué seres permitimos que entren en nuestros cuerpos para honrarlos y amarlos, qué deseos pongo en el jardín de nuestras emociones para subliminar la belleza de la existencia, qué pensamientos empodero para que guíen mis acciones y qué clase de energía derramo sobre el mundo para generar el bien. Tan acostumbrados a prostituir nuestros cuerpos, nuestras emociones y nuestros pensamientos y creencias, el mundo se ha vuelto tosco e ingrato.

En cada acto minúsculo de nuestras vidas estamos discerniendo. Cuando comemos, podemos hacerlo causando dolor y sufrimiento a otros seres sintientes. Cuando compramos cualquier cosa estamos enriqueciendo a unos u otros. Cuando gastamos el dinero decidimos en cada momento a quien ayudamos con nuestra energía económica. Todo aquello que ingerimos, ya sean alimentos, energías, emociones o pensamientos repercutirá inevitablemente en aquello que ofrezcamos al mundo.

No se trata tan solo de discernir si vamos al mar o a la montaña, realmente eso no importa. Tampoco importa si elegimos a una persona igual o diferente a nosotros para emprender un proyecto común de vida. Lo que importa es lo que hacemos en cada escenario y con cada persona. Lo que importa es la suavidad y el tacto con el que nos enfrentamos a cada momento de nuestras vidas y el trato que ofrecemos a las personas que nos rodean. O si, por el contrario, preferimos vivir una vida irritada, enfadada o cargada de tristeza.

Me doy cuenta de lo difícil que resulta discernir sobre cosas que a veces nos superan, que a veces no dependen de nosotros. Una enfermedad o un accidente físico o emocional. A veces es la actitud, o simplemente la mirada ante la pérdida. Uno puede elegir mal, pero tiene la oportunidad de redimirse si realmente desea cambiar, si realmente toma consciencia de su error y busca la manera de ser amable con el mundo. Dar los buenos días con una sonrisa, enviar un caluroso y cariñoso mensaje a ese amigo querido, abrazar con pasión a esa amante despierta. Cada gesto discierne sobre el anterior y, por lo tanto, cada elección nos permitirá ser mejores personas, excelentes sujetos vivos.

Lo inteligente, lo sabio, diría que lo verdaderamente iniciático, es obrar de manera inofensiva y amable, aunque a veces esa inteligencia se vea empañada por ofuscas nubes. Hoy nos hemos levantado y hemos elegido qué clase de vida queremos. Hoy la vida nos propone aventuras y decidimos qué camino tomar. Estar atentos a los escenarios y a las personas que se acercan a nosotros para poder elegir el mejor de los mundos posibles. Discernir. Hoy quiero un mundo amable, inofensivo, bello. Hoy quiero una vida amorosa.

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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