Desde los Altos del Golán


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Ayer en los hermosos Altos del Golán

Pasamos toda la tarde rodeando el mar de Galilea hasta llegar a la montaña de las bienaventuranzas, el lugar donde Jesús el Cristo había predicado el Sermón de la Montaña. El lugar es hermoso, verde como toda la parte norte de Israel, rodeado de montañas y paisajes hermosos. El mar de Galilea es realmente un pequeño lago, algo más pequeño que el lago Lemand, en Suiza. Desde cualquier parte del mismo se puede divisar toda su superficie. Mientras paseábamos por sus orillas intentábamos recordar los pasajes bíblicos donde Jesús andaba buscando a sus futuros pescadores de hombres. Intentamos buscar en la solemnidad del lugar las reminiscencias de aquellos tiempos, mojando nuestras caras con sus aguas y buceando en sus profundos misterios. Siempre teniendo en mente lugares secos, se nos hacía extraño ver tanta vegetación y verdor.

Este verdor iba aumentando en belleza a medida que viajábamos hacia el norte, hasta los Altos del Golán, tras visitar el que fue el primer kibutz del país, el Degania. Israel es totalmente diferente en esta región fronteriza con Siria y Líbano. Llegamos hasta ambas fronteras tras pasar una tarde en la cuna de la Cábala, en Safed, una ciudad antigua que aún guarda destellos de otro tiempo. Llegamos hasta lo más alto del país, hasta Metula y el impresionante y nevado monte Hermon. Y de allí cruzamos junto a la frontera de Líbano todo el norte hasta llegar a Acre, uno de los últimos bastiones de los cruzados en Tierra Santa.

Nos quedan pocos días de viaje. Interiormente me siento fuerte y por fin la sonrisa ha vuelto dentro de mí. El viaje y la excelente compañía con la que he podido compartir esta aventura han reavivado en mí la fuerza necesaria para seguir adelante. Siento ganas renovadas de seguir caminando en la senda de la vida, de seguir buceando en sus misterios y de seguir amando todo aquello por lo que he luchado estos años. Ya no hay tristeza, ni rabia, ni melancolía. Ahora solo quedan momentos para la fe y la esperanza renovada. Solo deseos de poder seguir colaborando humildemente en la necesaria construcción de un mundo nuevo y mejor. El cambio constante de escenarios ha provocado que mi mente, por fin, volviera a su centro, que mis pensamientos se alinearan con el aquí y el ahora, que la vida vuelva a tener un sentido renovado.

Ahora solo toca disfrutar, vivir lo mejor que se pueda, en paz con todos y con todo. Toca mirar hacia adelante con fortaleza, con mimo, con gracia, con alegría y sobre todo, tal y como ha ocurrido en este hermoso e inolvidable viaje, con buen humor. Todos los retos que debo afrontar en los próximos meses estoy convencido de que surtirán efecto, de que encontrarán una vía justa y necesaria para poder reordenar todo lo que hasta ahora se ha hecho con amor y constancia. Estoy agradecido a este bello país y especialmente a la bella compañía por su generosidad y por su magia, por haber hecho posible este cambio. Gracias querida namada por lo que has hecho en mí. Gracias por tu buen humor, por tu infinita generosidad, por haber sido capaz de viajar de forma austera por todo este entramado de realidades. Gracias por haber recepcionado a esta nueva persona que está naciendo.

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