Predicando en el desierto


 

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Ya casi no recuerdo nada de todo lo vivido, por un cúmulo exagerado de experiencias que me están ayudando a centrar la atención en todo lo que ocurre en el aquí y ahora sin prestar mayor apoyo al pasado ni al futuro. Viajar por el desierto desde el mar Rojo hasta el mar de Galilea, previa parada nocturna frente al mar Muerto está siendo toda una hermosa experiencia. Tuvimos la suerte de pasar una tranquila tarde en Eliat y dormir justo frente al mar. Esa noche no hizo frío y pudimos dormir tranquilos, sin ningún tipo de sobresaltos a la orilla del mar. Cuando nos levantamos emprendimos el viaje hacia el norte, dirección Galilea.

Antes de llegar al hermoso lugar de Neguev, nos desviamos en un lugar perdido para hacer una pequeña parada en el desierto. Empezamos a caminar en silencio, mirando hacia el horizonte que se abría infinito, misterioso. Cuando miras a paisajes que no están en tu psique, es como si algún tipo de ventana interior se abriera al mismo tiempo. Nos sentamos al borde de una colina protegida por rocas que parecían haber nacido al principio de la creación. Una brisa rozaba nuestros cuerpos y nos recordaba la infinitud de la que estamos hechos. No hay mayor inspiración que la visión del desierto para combatir, en ese silencio, con todos nuestros demonios.

Tras el paseo, seguimos la ruta hasta el mar Muerto. Allí intentamos acceder hasta la inexpugnable Massada, pero nos fue imposible. Nos quedamos en las faldas de las montañas. Luego penetramos en el hermoso kibutz de Kalya, situado en mitad de la nada. Paseamos por ese pequeño paraíso creado en el desierto donde sus gentes, protegidas por alambradas y alta seguridad, parecía vivir una vida feliz. Nos marchamos y acampamos el coche justo debajo de Qumrán, frente al mar Muerto, y justo donde encontraron los famosos manuscritos.

En esa noche inolvidable nos pasó de todo. La luna llena iluminaba todo el paisaje entre las impresionantes montañas del desierto. El mar muerto al fondo, Qumrán a nuestra espalda, el mundo y la vida interaccionando ante nuestro asombro y sorpresa. El pasado diluido entre vagos recuerdos, recordando esos rollos de papiro que aparecieron como aromas de una primavera que nunca llegó. El periodo de sanación haciendo efecto y el mundo por delante, esperando señales o esferas que puedan ser interpretadas para seguir el camino. Temprano llegamos hasta el Mar de Galilea, y aquí permaneceremos, buscando pescadores de hombres, a cual galileo buscando un ejército para expandir bajo el manto de la sencillez un mundo amoroso.

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