Vox Populi, vox Dei


a

“Y no debería escucharse a los que acostumbran a decir que la voz del pueblo es la voz de Dios, pues el desenfreno del vulgo está siempre cercano a la locura”. Cartas de Alcuino de York a Carlomagno. Epistolae, 166.

A estas horas estoy sobrevolando Europa dirección Estambul. Desde allí cogeremos un vuelo hacia Tel Aviv, nuestro primer destino. A vista de vuelo panorámico, creo que aún no somos conscientes de todo lo que está ocurriendo en Europa, y hacia dónde nos llevará esta situación cada vez más agravante. Lo ocurrido ayer en el parlamento Británico y la brutal derrota de su primera ministra es solo el principio de un fin que no sabemos aún hacia qué lugar nos llevará. Hablo de lugar, aunque quizás debería de hablar de tiempos…
Vox Populi, Vox Dei, decían los antiguos. Si realmente esta expresión significa que “la opinión popular de la gente revela la voluntad de Dios y debe obedecerse”, debemos pensar seriamente por qué Dios ha querido semejante panorama en la cultura política europea de estos últimos años. El Brexit es un claro ejemplo de retroceso social y político, de vuelta al pasado, de defensa de lo “nuestro” en contra de lo que les ocurra a los demás. Los movimientos nacionalistas, aupados desde el egoísmo y las esencias, vuelven como alocados corceles que, ciegos sobre su destino, solo pueden cabalgar hacia adelante.
Estamos viviendo momentos que pueden determinar para siempre lo que pueda ocurrir en este próximo siglo recién estrenado. Aún nos duele la memoria de las cosas que ocurrieron en tiempos pasados. De nuevo el ombliguismo contra la mirada sincera al otro. De nuevo defendiendo lo nuestro y arrasando por el camino todo lo demás. De nuevo el miedo antes que la cordura de la razón. El Brexit, como los demás patriotismos o nacionalismos de nuevo cuño, forma parte de la derrota de Europa en el campo de las ideas, en la visión de la paz común y en las ideas de fraternidad, libertad e igualdad que tanto nos costó alcanzar tras las grandes guerras del siglo pasado. Todos los avances logrados se empiezan a derrumbar poco a poco, a la espera de que los dioses benévolos vuelvan a susurrar al pueblo las ideas de luz, fraternidad y paz que tanto necesitamos en este nuevo tiempo.
Todo aquello que nos separa, el Brexit, las naciones, las fronteras, las patrias, la ignorancia o el odio nunca puede ser bueno para el conjunto de todos nosotros. Todo aquello que intenta, de la manera que sea y con los motivos que sean, separar, dividir, restar, nunca puede ser un susurro de nuestra más profunda naturaleza. La decadencia del Reino Unido, su declive, se está expresando en estos instantes. El Gran Imperio Británico que durante siglos dominó el mundo está viendo sus últimos días. Ahora es el Brexit, pronto será Escocia e Irlanda del Norte y luego… Europa y sus ideales deben estar alertas para que este movimiento no se expanda aún más… Aquí en España, uno de los últimos reductos que quedaban libre de extremismos, se está manifestando de forma fuerte la derrota de la razón y la fraternidad. La plaga sigue, y es contagiosa. Es como si de repente, estuviéramos de nuevo cerca de la locura… La misma locura que hace un siglo arrasó media Europa.

 

 

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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