El encantamiento del sueño


a

 

“El Señor solar, con su calor y su luz, energetiza a los moribundos Señores lunares para una vida espúrea. Ésta es la gran desilusión, y el Maya de Su Presencia”. AAB.

 

Ayer hablábamos de la importancia de los tiempos cíclicos y hoy recordaba con cierta añoranza los tiempos en los que uno empezaba a descubrir la fuerza del discernimiento, el mejor de los tiempos y la mejor guía posible para adentrarnos en el vasto mundo de la experiencia. Fue a principios de los años noventa, siendo yo aún muy joven e ingenuo para entender los avatares del tiempo, cuando alguien trajo desde México unos treinta juegos de la versión del Tzolkin realizada por José Argüelles. Como seguidor de un conocido grupo mexicano dedicado a los temas de la Nueva Era, o por alguna otra extraña razón, fui uno de los treinta afortunados españoles que recibió uno de los juegos maya: El encantamiento del sueño. En 1987 acababa de terminar la conocida Convergencia Armónica y ahora tocaba prepararse para el final de una era, que llegaría en alguna fecha determinada del 2012. El nuevo Tzolkin pasteurizado de Argüelles nos serviría como herramienta y guía imprescindible para poder descifrar los futuros avatares, y de paso, nuestra posición particular en el mundo y en el final de los tiempos, ahora ya muy próximos.

Si en algo estaba de acuerdo con Argüelles era en su visión al contemplar el tiempo como Arte. Su equivocación, quizás con esa buena voluntad de promover un calendario más universal, fue encapsular ese Arte en un nuevo calendario nacido de unas experiencias psicodélicas basadas en LSD (por favor, leer de nuevo el artículo sobre la incompatibilidad de las drogas con el mundo espiritual). Al encerrarlo en esa cápsula del tiempo, sus seguidores se empeñaron en codificar dicha interpretación temporal, olvidando el arte para sumergirse en la esclavitud cronológica de la medida. Los acólitos, como suele ocurrir en cualquier movimiento, se quedaron mirando el dedo que señalaba las estrellas. De alguna forma, Argüelles, sin darse cuenta, había creado otro modelo de esclavitud dirigido a aquellos que necesitan agazaparse a algún tipo de creencia nueva, innovadora y sugerente más allá de la ortodoxia dominante. Intentando crear algo que nos llevara más cerca del tiempo natural, creó otro modelo cronológico, otra aletargada y burlesca representación del dios Cronos, alejándonos de nuevo del verdadero tiempo Kairos, el tiempo de la ocasión, el tiempo del Arte o el tiempo de Dios, como lo conocen los creyentes cristianos: el momento adecuado y oportuno. Lo epidérmico de nuevo venció la batalla ante lo profundo.

No deja de ser una paradoja de mal gusto que José Argüelles muriera un año antes del final de los tiempos. De alguna forma, en el 2012 también murió un movimiento, el de la Nueva Era, que ya empezaba a desenmascarar sus propias contradicciones. Visto con distancia y desapego, muchas de las buenas energías y corrientes que el movimiento de la Nueva Era engendró a principios del siglo XX, empezaron a desvirtuarse, como siempre ocurre, a medida que el movimiento crecía. Sus ramas, sus secuencias y sus seguidores se encargaron de llenar de ilusión, de maya, todo aquello que pretendía un nuevo despertar de la consciencia a nivel global. Sin duda, hubo y hay cierto despertar gracias a esta corriente, y los viejos y caducos paradigmas cayeron para dar paso a algo nuevo. Ahora, la muerte inexorable de este movimiento va dejando sus propios cadáveres en todas partes y es bueno, mediante la ley del discernimiento, poder diferenciar entre aquello que es verdadero de aquello que es ilusorio, siempre desde la medida que cada cual entienda como verdadero o ilusorio.

El Encantamiento del Sueño ha sido precisamente eso, una especie de flautista de Hamelín que ha hipnotizado a una gran masa de fieles creyentes sin criterio, sin autonomía propia y sin espíritu crítico que han terminado en el precipicio de la creencia, el fervor y la ilusión de los señores lunares. Llevados por las corrientes astrales de la confusión y la pérdida de sentido, siguen ensoñando, encantados por la música y el color que proviene de los bajos astrales. No hay peor sueño que la ignorancia, y no hay peor encantamiento que un puñado de soñadores absortos y prisioneros de algún encantador de serpientes. La luna, representante de esas fuerzas astrales, venció la batalla de la ilusión. Las trece lunas del nuevo calendario invadieron el mundo y atrapó a los carceleros. El sol, aletargado, espera de nuevo volver a reinar en el mundo de las sombras. La luz de la luna, ilusoria, dejará paso a la luz pura y radiante del astro sol que volverá a lucir en un tiempo próximo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s