Viaje al primitivo barro


 

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“El secreto, querida Alicia, es rodearte de personas que te hagan sonreír el corazón. Es entonces, solo entonces, que estarás en el País de las Maravillas”. Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas

 

He visto como del viejo barro, a veces húmedo, a veces seco, surge la luz. De su oscuro cobijo nacen las flores, pero también el perfume, la belleza, la sabiduría. Los arquitectos hicieron de algo burdo, un milagroso empeño de la evolución. Nosotros, que tenemos el color del barro, también formamos parte de ese milagro, de ese arquetipo de belleza. Nuestro perfume, aquello que nos distingue en la realeza del alma, es la sonrisa. También la música y la poesía, porque no todas las criaturas son capaces de ello, pero especialmente la sonrisa.

Son muchas las personas que nos hacen sonreír el corazón, aunque no siempre estemos despiertos para poder apreciarlo. Sin duda, el mejor viaje de todos, la mayor maravilla, es poder encontrar en la vida ese tipo de personas, rodearte de ellas, apreciarlas, cuidarlas, protegerlas, honrarlas. Al igual que esas flores que nacen en primavera para embellecer la creación, las personas que sonríen son capaces de elevar el universo a una dimensión más perfecta, más sublime. Estar al lado de alguien que sonríe, sin más, es el mejor de los viajes.

Del barro primitivo nacen muchas cosas. En nuestro caminar siempre tenemos la obligación de elegir qué deseamos para nuestras vidas. Podemos elegir entre la luz del sol o la luz de una antorcha en una helada noche de invierno. Los escenarios siempre dibujarán contornos diferentes, pero en nosotros siempre estará la opción de ir a la búsqueda del calor. La belleza es una luz para nuestra alma. Bajo nuestros pies está el barro primitivo, pero de ahí surge la promesa, el verbo, la palabra. Es nuestra guía circundante, nuestra atalaya humana.

La noche es oscura cuando nos sorprende lejos de casa, cuando olvidamos que nuestro verdadero hogar nunca fue la soledad, sino el amor. Pero ahí está la sonrisa que nos guía para poder seguir. Ahí está todo aquello que nos lleva hacia las orillas de la paz y cuya serenidad rebota en nuestras carnes ofrecidas al mundo. Ahí está también la espera, la esperanza, que nos lleva hacia lugares remotos, hacia países imposibles, hacia abrazos que se extienden más allá de cualquier verso.

Sí, el verdadero secreto es entender como esa estrella vespertina cae sobre el húmedo barro y allí guarda una promesa. Cae en la oscuridad y allí espera, reposa, recuerda. Es un camino solitario, lejos de casa, en un silencio quebrado y expectante. En esas sombras se vuela lejos cuando nace la sonrisa y más tarde el compartir. Allí la vida empieza a despegar y buscar la luz. Algo germina. Es la promesa, cuando se supera la noche, la que nace a la luz. Crees y encuentras tu camino. Crees y todo florece y se expande hacia la luz, hacia esa sonrisa permanente que ilumina para siempre nuestras vidas. Sí, el secreto es rodearse siempre de personas que te hagan sonreír el corazón. El secreto es germinar para abrazar la vida, el amor, el calor y hacer que nuestra bella alma resplandezca bajo el sol.

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