Feliz Navidad


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© The Creation of Man (2017), de Natalie Lennard

“No somos nada, pero esa luz es todo”. Emerson

Nacer es una de las experiencias más increíbles de la naturaleza. Nacer en un pesebre entre un asno y un buey y que vengan tres reyes que además son magos a celebrarlo mientras unos ángeles cantan sobre una estrella guía es un capítulo de la historia que encierra secretos que habrá que atender. Lo importante de todo es la presencia de un mensaje poderoso: la humildad. Si es cierto que Dios encarnó, o al menos, un aspecto de su divinidad, en un pobre pesebre habitado circunstancialmente por unos emigrantes que huían de una guerra, me arrodillo humildemente ante su mensaje. Si es cierto que ese niño sobrevivió a los avatares de la época y consiguió tan joven enviar al mundo un mensaje de amor que aún perdura hasta nuestros tiempos, me arrodillo ante su grandeza. Nada sabemos de lo que en verdad ocurrió históricamente sobre un hecho que llega a nuestros días adornado en fábula. Pero eso no importa. Lo que importa es que el símbolo ha sobrevivido, el mensaje sigue su transmisión en los tiempos.

Todo parto viene acompañado de dolor. Ese niño llegó entre dolor, entre sangre y algún grito desgarrado en la noche. Nosotros lo celebramos como el triunfo de la vida, coincidiendo con el solsticio, con la noche más larga el 25 de diciembre en el calendario juliano. La luz vence. La luz viene para hablarnos de amor. Símbolos, alegorías, metástasis de la alquimia del tiempo que se transmite aún sin saber del todo cuanto encierra. La muerte y el renacimiento del sol, el Sol Invictus. Morir para renacer, y hacerlo preparados para derrumbar nuestras viejas cárceles conceptuales, para renacer a una nueva luz, a un nuevo mundo, a una nueva visión de las cosas. Ese era el mensaje que se intentó transmitir hace dos mil años: amarás también a tu enemigo, amarás a Dios sobre todas las cosas, amarás según te ames a ti mismo. El amor nos protege, nos preserva, nos eleva y redime toda forma de vida en la naturaleza. Por eso hoy es un día de amor, que debería celebrarse en amor, con amor. El Sol es vida y la vida es amor, y el Sol resucita, el amor resucita y nos renueva. Ese es el mensaje. Amaros los unos a los otros. Amemos.

Por eso, seas amigo o enemigo, seas creyente o no, seas conocido o desconocido, seas quien seas, este año volvamos a renovar los lazos que nos unen, aquellos que hacen que la vida nos de la oportunidad de morir a lo viejo para emprender el camino hacia lo nuevo, y aquello que hace que la luz triunfe siempre sobre la oscuridad. Amemos, aprendamos a amar, y lo demás vendrá por añadidura. No somos nada, pero la luz del amor lo es todo. No dejemos de amarnos. No dejemos de quemar lo viejo que nos unía para renovarlo en este nuevo sol. Luz, más luz para que el amor viva en nosotros.

Feliz Navidad a todos, feliz nacimiento en la cueva del corazón, feliz resurrección al amor verdadero.

 

 

 

 

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