Los libros nacen en Samos


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La verdad es que me hizo ilusión llegar esta mañana a Lugo para hacer unos trámites y ver mi cara en los bares, en las tiendas, en los kioscos. Me han hecho muchas entrevistas en radio, prensa y televisión, pero nunca había salido en la contra de ningún periódico. Cuando en la carrera hacía mis pinitos como escritor de culto y publicaban mis primeros artículos de opinión sentía una alegría inmensa al ver mi firma estampada en la prensa de papel. Cambié aquella disciplina por internet pensando que sería el Dorado y allí descubrí con cierta tristeza como todo se difuminaba. Lo culto y la escritura.

En internet eres totalmente invisible excepto para los incondicionales, pero salir en prensa de papel sigue siendo especial para los románticos de lo sólido. Aunque tan sólo sea por un día, me sigue llenando de satisfacción, especialmente cuando a la vuelta de Lugo me llamaban los amigos del pueblo porque habían visto la noticia y me encontraba en la puerta de la tienda la página entera recortada y pegada para que todos la vieran. Mis queridas Angelines y Lourdes sentían orgullo por tener un vecino que sale en la prensa y yo, al mismo tiempo de ponerme algo rojo cuando vi mi cara a la vista de todos, también sentí cierto orgullo egoico, para qué lo vamos a esconder.

Más allá de la anécdota, me doy cuenta de que este hecho es para mí como una señal de que algo nuevo se avecina. Quiero decir que, de alguna manera, ya estoy dejando atrás el desánimo y la tristeza y me estoy enfrentando al reto de la vida desde otra perspectiva, desde otro razonamiento, desde otra visión. Creo que la queja y la tristeza ya deben cerrar una etapa para empezar a pensar en positivo, con optimismo e ilusión. Mirar al horizonte, a la aurora de dorados brazos, a la montaña con su cristalina grandeza, a los cielos celestes que se abren para recordarnos lo infinita y misteriosa que es la vida.

Hoy ha sido un día de halagos. Siempre me tomo esos halagos y perspectivas como una muestra de confianza y afecto, a sabiendas de que no hay mayor fama que el reconocimiento y el cariño de los que tienes próximos y no hay mayor riqueza que el amor y la amistad. En ese sentido, ya me siento colmado de riqueza y fama. Lo otro siempre es superfluo, anecdótico y trivial. Dura lo que dura un suspiro, por eso no hay mayor logro que el cariño y el amor, la amistad y el abrazo, el abrazo de verdad, el sentido. En todo caso quedo agradecido a Lucia, la periodista que ha obrado con equilibrio en el reportaje y al diario por su generosidad al ponerme en la contra. Todo un honor y una suerte.

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