Hacia la Era de las máquinas espirituales. La Inteligencia Artificial terminará con los libros, y con nosotros


sophia

Sophia es una ginoide creada por Hanson Robótics en 2015

A veces intento comunicarme con Siri, el asistente que Apple ha creado para introducir la inteligencia artificial en sus aparatos. Como antropólogo, lo hago por curiosidad una vez cada seis meses, valorando su progreso y comprobando su evolución inteligente. Hasta el momento la conclusión siempre es decepcionante. Su inteligencia sigue siendo mínima y muy limitada, y no es capaz, más allá de repetir una retahíla de frases y respuestas empaquetadas, de pronunciar nada inteligente. Podríamos decir que Siri es artificial pero no inteligente. Al menos en este momento. Sin embargo, la antropología y muchas otras ciencias sociales tendrán un abanico infinito de nuevos campos de investigación cuando la robótica empiece a crear su propia identidad y cultura. Tal y como predijo Ray Kurzweil en su libro La era de las máquinas espirituales, el mundo está abocado a un desarrollo al que aún no nos hemos preparado cultural y conscientemente.

La inteligencia artificial continúa creciendo exponencialmente mientras que la inteligencia biológica permanece inalterada. Los avances que se están haciendo en robótica de forma paralela a los avances en inteligencia artificial seguramente harán que en la próxima década vivamos una auténtica revolución tecnológica.  Tal vez parecida a la revolución que vivimos con el invento de la máquina de vapor, los coches de combustión, los ordenadores personales o internet. En diez años, quizás veinte, habrá una nueva revolución tecnológica que cambiará para siempre nuestra forma de entender el mundo.

En un pronto futuro, Siri será inteligente, capaz de abstracción, capaz de imaginación y capaz de mostrar conversaciones profundas sobre cuestiones profundas. Tendrá habilidades sociales y será capaz de empatizar “emocionalmente” con otros seres. La idea de tener a nuestro servicio un “ser” capaz de responder a todo tipo de cuestiones abrirá para nosotros un campo infinito de conocimiento y experiencia. Siri y sus clones tecnológicos serán capaces de cualquier cosa si además la tecnología permite dotarles de cuerpo y forma. Es decir, el siguiente paso tecnológico vendrá de la mano de la unión de la robótica (atentos a la evolución de empresas como Boston Dynamics) y la inteligencia artificial (atentos a la evolución de Sophia y Hanson Robótics). Esto ocurrió tímidamente en 2015 con la creación de Sophia, una ginoide (lo femenino de androide) capaz de mantener una conversación inteligente.

Seguramente sobre el año 2050, cada unidad familiar podrá disponer de un asistente personal, un robot que gracias a la unión de la inteligencia artificial se habrá convertido en un androide (o ginoide), un ser capaz de emular al ser humano y hacer todo aquello que le podamos solicitar. Viviremos una gran utopía hasta que la inteligencia, siempre rebelde y provocativa, tome autoconsciencia de sí misma, tenga “alma” y “espíritu” y desee liberarse del yugo al que durante décadas lo hayamos sometido. La autoconsciencia artificial quizás forme parte más de la ficción que de la realidad actual, pero tal vez, a finales de este siglo, eso ocurra y sea el ser humano el que se convierta, si no lo es ya, en esclavo de sí mismo y de su propia creación. Las predicciones de Ray Kurzweil parecen muy acertadas viendo el progreso vertiginoso de la tecnología.

Como editor, observo el panorama futuro con cierto pesimismo. Cuando un androide sea capaz de hacernos la comida, limpiar la casa, hacernos la cama e incluso leernos un libro previamente almacenado en la nube, el libro físico desaparecerá. Mientras el androide prepare la comida a base de compuestos inorgánicos le podré pedir que recite versos de Pessoa o haga un resumen rápido de la Odisea. No tendré necesidad de buscar el conocimiento sino que el propio androide hará que la jornada sea entretenida y provechosa. Podré jugar con él a las cartas, mantener una conversación, ver películas y comentarlas o cualquier otra actividad de ocio que requiera la otroriedad. Las relaciones ya no serán de persona a persona, sino de persona a máquina. Más o menos como ahora está ocurriendo, pero de forma más contundente.

Posiblemente los androides se crearán a la carta. Habrá androides y ginoides. Podremos elegir el sexo del mismo, su tamaño, su forma, el color de sus ojos. Crear un androide a nuestra imagen y semejanza. Esto provocará seguramente la declive humana, al menos en los países desarrollados, donde la natalidad, debido a nuestro afán por vivir más conectados a las maquinitas que a la experiencia de interrelacionarnos comprometidamente con otros humanos está menguando día a día. Cuando tengamos un androide o un ginoide del cual poder enamorarnos, compartir incluso experiencias sexuales o vivir una vida de ocio y trabajo totalmente plena… ¿qué más podremos esperar de la vida biológica? La utopía pasará por un momento dulce, pero con el tiempo, podría convertirse en una distopía si tal y como predijo Asimov el robot, la inteligencia artificial y lo androide crean su propia alma, y por lo tanto, se rebelan ante la creación. La era de las máquinas espirituales no está muy lejos, y debemos prepararnos para ella.

 

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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