Kintsugi. La belleza de mostrarte roto


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Muchas veces recibo mensajes de amigos que me estiman diciendo que no comprenden cómo puedo desnudar mis sentimientos de forma tan abierta. Esto podría interpretarse como que pretendo dar pena, o dar un mensaje victimista o regodearme en la tristeza. Realmente no tiene nada que ver. Cuando escribo de forma sincera, sin ocultar lo que pasa por mi cabeza o por mi corazón lo hago porque me sirve de terapia, de reflexión y de desnudez interior. Pero también lo hago porque pienso que al compartir todos los altibajos que como seres humanos tenemos, puede servir de sosiego y ayuda para alguien. Siento cierto acompañamiento y siento que hay gente anónima que al leer todo esto se siente acompañada. El hacerlo público y no en un diario privado no tiene mayor importancia. Es sólo por si puede ayudar. Y al ser una especie de diario abierto, no tengo porqué fingir si estoy bien o mal, si estoy optimista o pasando por un mal momento. Me gusta tener la libertad de poder expresar lo que siento en cada momento, y esa sensación de libertad me hace sentir realmente fuerte.

Quizás esto se pueda entender si pensamos en la técnica del kintsugi. Es un arte de origen japonés que se utiliza para reparar roturas en la cerámica. Se suele utilizar empleando un barniz de resina que suele mezclarse con polvo de oro o plata. Dentro de este arte de reparar cosas rotas con metales nobles se encierra una profunda filosofía que pretende mostrar la necesidad de entender que en la vida siempre vamos a sufrir roturas interiores, y que no debemos por ello esconderlas, sino elevarlas, mostrar su propia belleza y aprendizaje. El sufrimiento, aquello que nos duele, debe mostrarse y no ocultarse, debe ser incorporado de forma sublime para que nos engrandezca, nos embellezca y nos haga diferentes. Nuestra historia de dolor, de rotura interior nos transforma y hace que nuestra vida personal tenga un sentido diferente al resto. Son las roturas lo que nos configura como seres auténticos. Son esas marcas de la experiencia lo que nos configura como somos.

De ahí que no tenga miedo al qué dirán cuando expreso abiertamente mis grietas, mis errores, mi propia humanidad. No tengo miedo en decir si hoy estoy triste o alegre, si me siento ruin o egoísta o si he cometido tal o cual falta si con ello puedo ayudar a la reflexión. Ya sé que solo son palabras y luego la vida nos pone a prueba para ver si hemos aprendido o no la lección. Pero al menos el conocimiento puede servir de guía para que cuando la escena se presente, podamos reaccionar de forma lo más correcta posible.

En estos meses he sufrido una rotura interior. Hacía años que no me sentía tan roto. No he tenido miedo en decirlo, en compartirlo, en mostrarlo. Fui presa de la rabia, fui presa del pánico, fui víctima de mi propia inconsistencia humana y de mis propias contradicciones. En tres meses he podido reflexionar sobre ello y espero haber aprendido algo. Espero realmente estar aprendiendo algo sin que por ello me aleje excesivamente de mi propia naturaleza. Aprender no significa renunciar a nosotros mismos, significa simplemente mejorar en todo lo que podamos para hacer de esta vida algo fácil y hermoso. Espero conseguir empolvar el oro místico en mis grietas humanas para hacer de esta rotura algo bello. Espero al mismo tiempo poder dar fe y esperanza a todos aquellos que en este momento puedan sentirse abatidos, solos y desahuciados. Gracias por la comprensión.

 

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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