Corridas intelectuales


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En 2010 me tocó presentar en el marco del Festival de Cine Europeo de Segovia el libro “Rodamos Historia”, escrito por los amigos Álvaro y Yannick. Un presentador normalmente nunca se presenta, pero ante la insistencia de Yannick, lo hice contando la anécdota que un día antes me había ocurrido en el poblado de Bembézar, en Hornachuelos, Córdoba. Llegué tarde para presentar el libro de Eugenia, una novel autora local, y como no sabía donde era, aparqué el coche en la plaza del pueblo. Estaba oscureciendo y había algo de niebla. El poblado estaba absolutamente desierto hasta que apareció un hombre que se me acercó con paso tranquilo. Se me quedó mirando de arriba abajo y me dijo: “Usted debe ser el intelectual y viene a la presentación del libro”. Al día siguiente, curiosa sincronía, Yannick me llamó recién llegado de Brasil para decirme algo parecido: “Si te parece te presentas como un intelectual”. Qué honor que las gentes de aquellos tiempos me llamaran y me reconocieran así, como el hombre que trajo los libros y la cultura a sus pueblos, como “el intelectual” comprometido con su patrimonio.

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Encontré esta anécdota divertida, la del intelectual perdido y que no paraba de intelectualizar por el mundo, buscando fotos en el blog para este post. La verdad es que mirando hacia atrás, han sido muchas las aventuras corridas en el excitante mundo de la edición. De todo lo editado, lo más apasionante era hacerlo en pueblos perdidos en la nada donde sus autores, auténticos desconocidos en el mundo “intelectual”, lo daban todo para ese gran momento.

En la Editorial Séneca tenemos una línea editorial donde editamos “historias de vida” desde una perspectiva antropológica, rescatando el patrimonio intangible de los pueblos y sus gentes. Es una labor que nació con ambición nacional, pero al final se quedó en ambición provincial. Con el tiempo, solo conseguimos lanzar cuatro o cinco colecciones, aunque la idea primera pasaba por llegar a todos los pueblos de España. No sabría decir cuantas historias de vida hemos rescatado, con descripciones minuciosas de la vida de personas que en primera persona nos contaban los usos y costumbres de su pueblo, su cultura, su gente. La idea era hermosa, romántica, como casi todo lo que hemos hecho en este sello editorial. Editar a autores noveles, apostar por ellos, y editar a personas que, sin ser escritores, pudieran contarnos algún aspecto de su vida. Era nuestra apuesta particular por rescatar del anonimato el patrimonio intangible, el bien inmaterial de zonas deprimidas donde la cultura resulta sospechosamente apartada de la vida común.

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Nunca olvidaré, especialmente cuando vivía en la Vega del Guadalquivir, la emoción que sentía al ver que todo el pueblo asistía a la presentación del libro de un paisano. Más allá de contar el siempre nulo beneficio por la venta, siempre simbólica, de algún libro, la emoción de los abrazos, de los aplausos desmedidos y del orgullo del autor y sus gentes por ese acto era algo que quedaba imborrable para siempre en nuestra memoria. Como editor, me sentía “Le Grand Editor”, el aventurero romántico que iba abriendo bibliotecas y editando libros no comerciales, pero con un gran valor etnográfico. Aquella descabellada aventura tuvo su precio, pero pasados los años, lo pagamos agradecidos y gustosamente.

Estos días andaba trabajando en el prólogo de un libro que vamos a editar próximamente. Está dentro de las colecciones que rescatan las historias de vida, pero esta vez la emoción era doble porque el protagonista del mismo es un familiar al que le tengo un especial aprecio y cariño. La labor ingente de poder editar un libro de una persona que a duras penas sabe escribir y leer, pero que guarda dentro de sí una riqueza cultural y social inigualable, un semblante de figura honorífica y una calidad humana sin igual me han llenado de pleno orgullo. No sólo por la labor editorial, el esfuerzo consiguiente y la delicada atención que hay que mostrar cuando tratas con autores octogenarios con ganas y prisa, por la edad, de que su obra salga a la luz. Sino por apostar una vez más por el patrimonio intangible e inmaterial y el poder con ello enriquecer el espíritu cultural de esos lugares y sus gentes.

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Por propia experiencia, sé que en unos años o unos siglos, cuando nosotros ya no estemos y alguien profundamente curioso empiece a relatar la historia de sus tierras y gentes, tendrá la oportunidad y la suerte de contar con estos relatos, con estos libros que despertarán en el futuro investigador una riqueza insondable. Esa es la gracia y la apuesta cultural por el presente y por el futuro. No tendrá réditos materiales, pero alguien, con mucho cariño, nos agradecerá esta labor editorial.

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(Fotos: Algunas fotos de algunas presentaciones de hace mucho tiempo… Ahora me hago mayor y cada vez presento menos libros, y cada vez doy menos charlas como “intelectual” comprometido, y cada vez doy menos conferencias como persona de mundo con algo que contar)… 

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