Rite de passage


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© Dorothée Machabert

 

Si hubiera estado firme y sereno, seguramente ahora mismo estaría viviendo en Francia una nueva vida. Pero mi pequeño ego se desmoronó, sentí miedo ante la llamada que la vida nos ofrecía y rompí interiormente el pacto. El miedo me alejó del amor, y al hacerlo, me desterró a una tierra de nadie. Es difícil revertir estas situaciones a pesar de que interiormente hayas podido observar el cúmulo de errores cometidos. De alguna forma, los errores también ayudaron a clarificar una relación que, al parecer, por una de las partes, no estaba del todo clara. La balanza se inclinó en todo momento hacia el miedo, el miedo provocó el caos y el caos la ruptura. Tres meses después vivo en un limbo, o como dicen algunos amigos, vivo en un mundo paralelo, sin querer aceptar la realidad y sin querer darme cuenta de que las cosas son así.

Repasando estos días la tesis doctoral sobre los análisis de los relatos mitológicos, en ellos se estudia el comienzo de la aventura iniciática con la “llamada”. Podría ser identificada como un rite de passage, según nos recordaba Van Gennep, entre una realidad antigua y caduca a otra nueva esfera de valores y procesos que tiene mucho que ver con los procesos iniciáticos y de conversión. No puede haber separación a la realidad antigua si no existe una “llamada” previa, un estímulo superior al propio individuo que le permita despertar a un nuevo pensamiento y a una nueva intención. De ahí que la conversión implique una transformación traducida en una nueva forma de vida. Esta transformación muchas veces implica una nueva manera de representar la vida propia de forma narrativa y en forma de testimonio de conversión.

Analizando con calma todo esto, veo que esa llamada no existe, excepto hacia mi realidad paralela, por eso no puede existir un rito de paso que me lleve correctamente a una nueva realidad. Mi llamada sigue estando anclada a un lugar irreal. La nueva realidad en la que ahora vivo de forma paralela, ha sido impuesta por la vida, no por una llamada ni una decisión propia. De ahí que no pueda aceptarla, ni reconocerla, ni adaptarme a ella. En mis sueños, todas las noches sin excepción, vivo en esa otra realidad en la que ahora debería estar viviendo si hubiera sido fuerte. En lo que llamamos realidad, sigo improvisando sobre los días que pasan lentos y sin sentido, con el agravante de que todo lo que le daba sentido anteriormente a mi vida, ahora ya no existe en mí, ni participo de ello.

Ayer, hablando con una buena amiga, me decía que estaba viviendo en otra dimensión, más cerca a los sueños de Avalón que a la propia realidad. Mi falta de aceptación y mi pérdida de sentido me hacen vivir en una especie de continua esperanza hacia una realidad que no se va a dar y que prácticamente es imposible que se de. Entre otras cosas porque es una realidad que depende de dos, y una de las partes está desaparecida. Podría decir, para complicar aún más el asunto, que se abrió una tercera brecha de realidad, pero también desapareció, se fulminó al instante, por lo tanto, mi vida tridimensional discurre entre lo deseado, lo irreal y lo real. Es en esta última dimensión donde me siento más perdido, más alejado, más desnudo y desprovisto.

Interiormente me di de plazo hasta la primavera para intentar reorientar mi vida y cohesionar todas las dimensiones en una. Admito que es como si me hubiera cogido un año sabático para pensar y reflexionar qué es lo que ahora toca, qué es lo que ahora debo hacer o a qué realidad debo entregarme. Tres meses después, sigo anclado en ese punto de inflexión donde todo debería haber seguido su curso normal pero donde todo se derrumbó de repente. Sigo atrapado a ese momento, a esa circunstancia, y nada ni nadie ha tenido el suficiente poder aún para sacarme de ese anclaje.

No me molesta. Lo observo todo con curiosidad. Mi amiga, que me conoce desde hace muchos años, dice que jamás me había visto en una situación así, ni por nada ni por nadie. Yo sigo expectante, observante, viendo transcurrir las cosas o esperando a que el mundo milagroso actúe para por fin abandonar este estado de entresueños, de vida paralela, de atontamiento vital. Siento interiormente que no puedo volver hacia atrás, hacia mi vida anterior, pero no soy capaz de visualizar, excepto ese deseo oculto, cualquier otra alternativa. Seguiremos esperando, qué le vamos a hacer…

 

2 respuestas a “Rite de passage

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