En busca de lo milagroso. Fragmento de una enseñanza desconocida


(Foto: Hace unos días paseando por el Camino.)

«El mundo como lo hemos creado es un proceso de nuestro pensamiento. No puede ser cambiado sin cambiar nuestro pensamiento.» Albert Einstein

En busca de lo milagroso. Fragmento de una enseñanza desconocida” no es un título original. Pertenece a un hermoso libro de Ouspensky que viene al pelo sobre las reflexiones de estos días, donde, interiormente, me debato entre la magia o el milagro. Esto me sumerge inevitablemente en fragmentos de mí mismo, en enseñanzas desconocidas que fluyen del recuerdo de lo que soy, algo en lo que el Cuarto Camino insiste: recordar. 

Lo primero, la magia, depende de mí. Soy un mago, todos somos magos. Tenemos esa capacidad de regeneración, de transformación, de cambiar aquello que queramos a nuestro antojo, asumiendo luego sus consecuencias. Blanca o negra, para hacer el bien o solo para buscar nuestro beneficio, podemos ser mágicamente empoderados por las fuerzas del universo. Podemos alzar nuestra mirada y modificar nuestra realidad, y a veces, con ello, también la de los demás. El pensamiento, tal como dijo Einstein, tiene ese poder de cambio. Somos aquello que pensamos, somos aquello que somos capaces de pensar. Y lo mismo ocurre con nuestro entorno, con nuestro paisaje, con nuestro teatro particular. El escenario solo cambia cuando nosotros cambiamos interiormente nuestra forma de percibirlo. Esa es la magia.

El milagro es algo diferente. Ya no depende tanto de nosotros. Es algo que ocurre cuando abrimos nuestro corazón a la vida. Cuando no intentamos transformarla sino que dejamos que la vida nos transforme, porque ella siempre es más sabia, y sabe lo que necesitamos a cada momento. De nada nos sirve la magia si no sabemos dirigirla, sino tenemos un claro sentido existencial. No intervenimos excepto para acondicionarnos a esa entrega desde la apertura, la fe y la esperanza. Es la existencia la que interviene en nosotros cuando nosotros abrimos nuestros canales a esa experiencia. Esto es difícil de entender y sobre todo, de aceptar, porque no siempre nos gusta lo que la vida nos ofrece. Pero a veces aquello que nos ofrece, y aquí está la paradoja, es aquello que a su vez nosotros ofrecemos desde dentro. Si somos generosos, la vida siempre es generosa con nosotros. Si somos seres oscuros, la vida parece una entidad perversamente oscura. Pero hay que estar atentos porque las cosas no son lo que parecen. Uno puede ser egoísta y, sin embargo, la vida puede dotarnos de muchas riquezas. Pero esas riquezas no son símbolo de verdadera fortuna, sino podría ser un regalo envenenado y por dentro, sentirnos pobres y miserables.

Hablar de vida, sin más,puede resultar muy determinista. Algunos hablan de universo, de Dios, de Providencia. No importa el nombre. Sin duda la vida tiene un diseño amplio, expansivo, inconmensurable y a veces extraño para nuestras limitadas cabezas. Nosotros no podemos entenderlo y por eso es un misterio o pensamos que todo es fruto del azar. Y ese misterio encierra el poder de los arquetipos, de los guionistas, de los obradores de milagros y con un poco de enseñanza, nos damos cuenta de cuánto poder puede ejercer esa visión en nosotros.

Hay fuerzas y energías. Saber diferenciar el poder creador de cada una de ellas, porque son muchas y diversas, es empezar a caminar por la magia del milagro. Digamos que cuando entregamos nuestra existencia a la vida, decimos eso tan sagrado de “hágase Tú Voluntad y no la mía”. Esa sentencia encierra dentro de sí un poder infinito, porque entonces nos entregamos a las fuerzas cósmicas, a las energías que nos han de llevar hacia un propósito mayor. No es fácil esa entrega incondicional porque no siempre estamos preparados para asumirla, entenderla o ejecutarla. Nunca nadie nos advirtió que la vida fuera fácil y que más allá de lo aparente, existe una ancha dimensión de experiencia que ignoramos.

Por eso estos días me decidí estar atento, observar el escenario con suma atención para ver si era capaz de descifrar las señales, lo milagroso, más allá de la pura magia de actuar. Creo que algo entendí y por eso mañana me marcho a Barcelona unos días, siguiendo las señales e intentando descifrar sus pistas. Vamos a ver si puedo mantener la atención y ver qué ocurre. Seguiré buscando en lo milagroso el siguiente paso a seguir.

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