La importancia de sonreír


“Solo una mente educada puede entender un pensamiento diferente al suyo sin necesidad de aceptarlo”. Aristóteles.

Tanta tristeza produce hartazgo. Por eso cuando ves a alguien sonreír no puedes más que agradecer ese gesto. Dar gracias por aportar rayos de luz, por simplificar la vida en algo tan hermoso y tan profundo como sonreír. Es como un alegato, una reverencia desde lo más profundo del ser. Cerrar los ojos y empezar a visualizar el cosmos entero. La sonrisa es como la música, un idioma secreto que todos comprendemos, que todos anhelamos, que todos deseamos por su sencillez y profundidad. Si de verdad queremos hacer algo por el mundo, deberíamos sonreír a cada instante. Pero no de forma fingida, sino de forma sincera. Levantarnos todas las mañanas, mirar a la persona que nos acompaña en el lecho y simplemente sonreír. Ese despertar ya obra milagros.

Sonreír al mundo como terapia colectiva. Para dejar de fingir y empezar a vivir de verdad. Para dejar los enfados, las torpezas, las rabietas, los errores, los fracasos. Para poder pedir perdón y abrazar al otro con una sincera sonrisa. Sentir que cuando nos equivocamos el mundo no termina, sino que nos da la posibilidad de reconocer nuestras fallas y poder reconciliarnos con una sonrisa. Mirar al que se echa de menos, mirar al que dañamos, mirar al que dejamos, mirar al otro como si fuera un amanecer.
Realmente el otro, sea quien sea, tenga la posición que tenga, no deja de ser un reflejo de lo que nosotros somos. Es una posibilidad, un trozo de fe y esperanza, es un regalo del cielo que acompaña nuestros días, de ahí la necesidad de sonreírle con veneración, con el mayor de los respetos.

Estos días no me cansaba de buscar sonrisas. Quería contagiarme de ese idioma que no requiere mayor complejidad. Quería buscar en su sencillez la elevada visión de una vida plena. Nunca entendí nuestra necesidad de complicarnos la existencia, y por lo tanto, de buscar siempre razones para la discusión o el rechazo. Quizás sea por falta de mentes educadas en la sonrisa, en la empatía hacia el otro, en la incondicionalidad del amor hacia el otro. Amar al otro con respeto, sin juicio, sin daño. La cosa más difícil y compleja que existe. Por eso el mundo está necesitado de sonrisas. Sonrisas que sigan obrando el milagro de sabernos vivos, de sabernos agradecidos y capaces de ser constructores de puentes, de abrazos, de destinos hermosos, dulces y amables. Hoy te sonrío a pesar de la extrañeza. Me inclino ante ti con sumo respeto agradecido a la creación, seas quien seas, por estar ahí. Namaste…

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