Sobre mariposas y berberechos


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“Creo que una hoja de hierba es tan perfecta
como la jornada sideral de las estrellas,
y una hormiga,
un grano de arena…”

Walt Whitmann

En la alquimia, se asocia al planeta Saturno, al elemento plomo y a la Luna menguante todo el proceso llamado Nigredo. Esta fase puede asociarse a nuestras vidas como ese momento donde todo se descompone antes de poder obtener la materia pura que somos, o antes de alcanzar, en términos más profanos, nuestra plenitud como seres. El Nigredo es la noche oscura del alma donde el individuo se enfrenta inevitablemente a su sombra interior. Siguiendo con el símil, tras la noche oscura llega la introspección y el renacimiento, el Albedo en la alquimia. Luego viene el despertar, el Citrinitas para más tarde llegar al Rubedo, la perfección de lo que somos.

El camino siempre parece el mismo, o siempre parece claro. Pero todo es aparente porque a veces lo que para unos es claridad, para otros es tan solo oscuridad. En el mundo de las formas es francamente difícil alinearse con aquello que supera lo superfluo y aparente. De ahí la necesidad de entender la vida con cierto análisis alquímico, intentando elevar la mirada más allá de lo aparente.

Aparentemente, hay cosas que no pegan ni con cola, pero hay cosas que aún sin pegar requieren estar juntas. Hay fuerzas mayores que nos doblegan y hacen que una mariposa pueda abrazar a un berberecho. Pocos pueden entender esta frase, pero en el mundo de los arquetipos invisibles existe un berberecho viviendo en un mar profundo que alberga la esperanza de abrazar a una mariposa, un ser alado que voló tan alto que desapareció entre gigantes de viento, tan alto tan alto que se escondió entre palas figuradas que avanzan como manos hacia un futuro incierto. Puedo entender que un berberecho y una mariposa no albergan ninguna posibilidad en el mundo de los condicionantes, pero también puedo entender que más allá de esos condicionantes existen posibilidades infinitas que superan la razón.

Son a esas posibilidades, las infinitas, a las que nos agarramos en la noche oscura. Soñamos con abrazar la esperanza, la fe, la posibilidad. Soñamos con entender las fuerzas que se aglutinan para condicionarnos y demostrar que hay cosas que no pegan ni con cola, que son diferentes, y por lo tanto, no merecen estar juntas. A veces el miedo opera sobre nuestra voluntad. A veces la ira o la cólera. A veces el creernos lo que unos dicen sobre la imposibilidad material de que una mariposa o un berberecho puedan abrazarse.

Pero hay una perfección para todo. Y es justamente en el corazón, en lo que nos dicta a cada momento, donde hayamos las más profundas verdades. Nuestro juicio siempre es dañino porque intenta clasificar, ordenar y entender cosas que muchas veces se escapan a la razón. Hay cosas que carecen de razón, de oportunidad de entendimiento. Simplemente hay que abrazarlas con paciencia, con amor, con delicadeza, como lo hace un berberecho a una mariposa en un mundo aparentemente imposible. En el Nigredo todo esto se aprecia bien. Es tanta la oscuridad que el entendimiento interior nace siempre lúcidamente, y desde allí, todos los opuestos pueden unirse, fusionarse, amarse. Todo lo que antes era imposible, se abraza, como lo hace un berberecho a una mariposa en cualquier orilla, junto al mar.

(Foto: en Medina Azahara hace unos días…)

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