Ninguna noche es infinita


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Ayer me pasé todo el día en la horizontalidad, mirando hacia el cielo simbólico y suplicando a los inmortales dioses que fueran benévolos. La comida no es abundante en el Balneario y las ganas de cocinar han sido sustituidas por manjares imaginarios acompañados por flautas que deleitan los banquetes etéricos. Busco en el anchuroso cielo, ahora de lisas paredes, inalcanzable para cualquier mortal, respuestas a los desvanes que asolan la tierra. Si suplicara a la tradición, solo encontraría respuestas en Shiva, uno de los dioses de la Trimurti, el cual representa el papel del dios que destruye el universo, junto con Brahmá, el dios que lo crea y Visnú, el dios que lo preserva. Shiva se ha encolerizado, y por lo que me dicen, son bastantes los que padecen en este tiempo su ira.

Muchos están sufriendo la devastadora energía que todo lo destruye para que la vida se regenere en cuanto no quede ni un edificio de irrealidad suspendido en los avatares del tiempo. La destrucción, empiezo a entender a pesar del dolor que provoca, sirve para regenerar, para separar lo irreal de lo real. Así también en los plácidos atardeceres otoñales, donde todo empieza a morir para dar paso al angosto invierno, donde la muerte se manifiesta con virulencia. Es el ciclo de la vida, y es complejo entenderlo si lo miramos todo desde una dimensionalidad finita. De ahí la necesaria visión multidimensional. Sí, lo estoy pasando mal, pero todo responde a un porqué y a un para qué que pronto se desvelará.

Si lo entendemos así, debemos soportar los envites, respirar hondo y comprobar con cierta alegría y optimismo como en un pronto futuro podremos construir de nuevo algo más real y auténtico para nuestras vidas. Con la ayuda de Brahmá, podremos edificar con sólidas estructuras algo nuevo y diferente. Al menos esto me ha recordado mi querido Jaime, que me llama desde el sur para animarme, con esa gracia y alegría andaluza, a que respire nuevos aires. “Siempre has sido un alma libre incluso en los peores momentos”, me decía mientras escuchaba atento sus palabras en este hermoso ágora donde me encuentro. Respiré el olor a incienso, sus melodiosas palabras y recordé mis años de vida en Andalucía, en aquellos valles y montañas plagados de luz, olor y color.

Quizás le haga caso. He invitado a una amiga a dar un paseo por eso de compartir las aventuras, y viajaremos hacia el mediodía para cambiar la perspectiva, para comprobar que hay más vida después de todo derrumbe y para darme cuenta, como ayer decía cariñosamente Cristina (gracias querida por tu carta), de que ninguna noche es infinita. Así que gracias queridos amigos por vuestra inspiración. Toca mirar adelante, viajar y seguir saboreando los placeres del alma libre compartiendo con aquellos seres reales que se sujetan a la amistad incondicional, en lo bueno y en lo malo.

(Foto: ayer reflexionando en la horizontalidad sobre los devenires de la vida. Siento, ahora que todo se derrumba, que mi sueño de ser escritor quizás esté próximo y sea realidad. Especialmente en este año, cuando hace ahora una década que empecé a escribir en este blog).

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