La insoportable levedad del flow


edf

Hoy me desperté con los ojos como platos a eso de las cinco de la madrugada. El insomnio nació de una conversación que tuve ayer con una buena amiga. Resulta que una conocida suya dejó plantado en el altar al que iba a ser la pareja de su vida. Tras eso, desaparece de repente y a los pocos días se la ve en la plaza pública con un ex que también abandonó hace años. La secuencia es dramática, especialmente para el que se quedó con el anillo puesto esperando en el altar. Pero es un síntoma, o un ejemplo, de como se está articulando las bases de esta nueva sociedad que estamos construyendo. Una sociedad sin valores, que desprecia el más mínimo síntoma de decoro y educación, de respeto y elegancia a la hora de hacer las cosas. Una sociedad que aupa y justifica este tipo de actos en nombre del fluir, de que los tiempos han cambiado y de que ahora las cosas son así.

Es cierto eso que dicen que cuando uno se hace mayor se vuelve inevitablemente más conservador, más tranquilo, más sereno. La vida supongo que te llena de experiencias, conocimiento y algo de sabiduría que, aunque no siempre es bien gestionada porque la propia existencia siempre te pone a prueba, sí nos sirve como guía ante aquello que ya conocemos y experimentamos. De alguna forma, cuando uno entra en edad, aprecia los valores de la solidez, aquello que nos permite consolidar nuestras perspectivas desde una zona de confort segura y estable.

Pero los tiempos cambian y los valores también. O quizás lo que cambia es la actitud de las personas ante dichos valores. Lo que antes parecía sólido ahora es líquido, o incluso diría que gaseoso. Ya lo predijo Bauman con su sociedad líquida. Todo es líquido, fluido, temporal, desarraigado. Los trabajos duran poco tiempo, también las relaciones o los lugares que habitamos. Se rompen los lazos de amistad en nombre de la fluidez. “Hay que fluir” es el insoportable mantra de las nuevas generaciones. Y al hacerlo, arrasan con todo. Con familia, con parejas, con amistades, con trabajos, con dinero y con hogares enteros. A uno le entra un calentón, y como hay que fluir, asolan, saquean y destruyen todo aquello que hasta hace poco parecía sólido y seguro.

El premio es esa sensación de libertad temporal que nos empodera. Una sensación que descubrimos a finales del siglo pasado cuando el mercado nos dotó de tarjetas de crédito con las que de forma inmediata podías comprar un montón de cosas en esos lujosos centros comerciales. Era un subidón, una libertad impresionante que duraba diez minutos y que luego teníamos que ir pagando, esclavizados a un crédito, durante años. El símil ocurre y es perfecto para las relaciones. Fluimos, destruimos hogares por un calentón que nos empodera en esa sensación de libertad y arrasamos con años y años de esfuerzo. Luego, por supuesto, pagamos el crédito de nuestros altos vuelos, de nuestra frágil sensación de empoderamiento. ¡Cuantas relaciones sólidas se han roto por esa sensación de fluidez ante lo fácil e inmediato!

Quizás me hago mayor, pero estoy cansado de la gente que se me acerca con ganas de fluir, de vivir una aventura y experimentar sin ningún tipo de solidez que sostenga esa experiencia. No confío en las personas que hipotecan su vida por un momento estúpido de libertad. Es desconcertante vivir en estos tiempos donde la promesa y la palabra ya no tienen valor. Donde los principios mínimos de ética y decoro han desaparecido y donde todo vale en nombre de la libertad. Me hago mayor y quiero vivir en un mundo más sólido, más seguro, más tranquilo. La irresponsabilidad del flow y sus acólitos defensores me aterra. Porque en tiempos futuros, donde todo se improvisará en nombre del fluir, sin un mínimo acuerdo, sin un sentir verdadero, sin un saber estar, terminará inevitablemente con nuestra sociedad y sus valores, conduciéndonos a una selva de difíciles e inimaginables consecuencias.

(Foto: fluyendo hace unos días por las hermosas calles de la fortaleza portuguesa de Valença con una buena amiga donde hablábamos, mientras apreciábamos la belleza de la casa azul de esta ciudad, sobre las relaciones y su inconsistencia presente. El símil del edificio siempre es hermoso. Cualquier proyecto se sostiene siempre en sólidas bases). 

Gracias de corazón por suscribirte a esta escritura…

donar

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s