El ágora con puentes de oro y plata


sdr

Desde hace tres meses no pongo el despertador. Hacía años que no sentía la libertad de seguir los ritmos de la vida. Los primeros dos meses, debido a mi estado anímico y emocional, dormía bien poco. Solía despertarme puntual a las tres o a las cuatro. Podía estar con los ojos abiertos durante horas sin ver nada, solo dando vueltas en la cama, regodeándome en el dolor y sufriendo nocturnamente la soledad de una cama vacía. Desde hace dos semanas he recuperado la normalidad onírica. Me despierto a cualquier hora, a veces a las siete, otras a las nueve y otras simplemente alargo la horizontalidad el tiempo que mi cuerpo perezoso me lo indique.

Es una forma de sanación. Dar al cuerpo lo que pide tras años de exigencias extremas. Noto que este tipo de vida es seductor. La soledad, la falta de horarios, el tiempo que se acumula para poder administrarlo como uno quiera sin mayores obligaciones que las que yo mismo me imponga. Estar convaleciente, aunque sea por una enfermedad emocional como puede ser un duelo desgarrador, es algo hermoso.

Tras una pequeña meditación matutina me esfuerzo por seguir cierta rutina. Ir al baño, afeitarme, ducharme, desayunar algo y luego trabajar en la editorial hasta que el hambre me obliga a volver a la cocina. Por las tardes, y gracias a la ayuda de D., he acomodado un espacio al que llamo ágora. No es exactamente un ágora para la discusión y la dialéctica, sino un espacio para la meditación silenciosa, para el compartir y para crear la arquitectura de lo que será mi próximo futuro. Lo que antes era un almacén de libros ahora se ha convertido en un pequeño rincón de lectura, de escritura y de compartir. Una especie de diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, como diría Galileo, pero siguiendo las posturas del neófito Sagredo, es decir, viviendo y experimentando desde la visión neutral de quien busca la verdad sin aferrarse a ningún dogma o creencia. Simplemente observo atento y discrimino silencioso, sinuoso, tranquilo. Ya no hay prisa por nada. Absolutamente por nada, excepto por vivir.

Con D. pude estrenar el espacio mientras mirábamos en los mapas donde viajar durante siete días, sin pausa, por esta ancha Galicia. Al final la comodidad del lugar nos llevó a franquear incluso las fronteras más meridionales. Con B. pudimos abrazarnos, compartir, reír, imaginar hasta altas horas e incluso celebrar su revolución solar con dos velas simbólicas en una noche especial y mágica improvisando un pastel de cumpleaños a base de frutos secos. Con M. he podido compartir inquietudes sobre los próximos devenires utópicos y especialmente sobre la fortaleza inamovible de seguir adelante. Y mañana tocará compartir con J., y en unos días con la amiga X. y en otros con M. y con A, que vienen de muy lejos para abrazarnos y compartir… He pasado del silencio más absoluto al discurrir peregrino de almas que pasan, te abrazan y se van hacia su propio septentrión, pero siempre dejando esa sensación amable de cercanía, cariño y amor.

Si, un pequeño lugar donde reposar, pero también una pequeña plaza pública donde volver al contacto humano, esta vez seleccionado, medido, oportuno, sin avalanchas y sin necesidad de que nadie desee vampirizar una emoción o un pensamiento. Solo compartir, desde la amistad, el amor y el cariño con suma delicadeza. Me doy cuenta de la riqueza de poseer tantos y tantos amigos que están ahí, en lo bueno y en lo malo, que no huyen cuando las cosas se complican y que permanecen fieles e inamovibles a pesar del temporal. A los que huyen, como dice mi querida D., puente de plata. Y a los que regresan una y otra vez, la compensación de la eterna amistad, del oro del verdadero sentido del amor y el cariño. Un tesoro, el mayor de todos, que no todos aprecian.

(Foto: Pequeño rincón donde compartir. Antes un almacén de libros, ahora un lugar mágico con olor a libros, incienso y amistad. Si tu imaginación te lo permite y puedes oler el incienso y ver más allá de la forma, mira tras la cortina. Allí, una oleada de peregrinos libres deambulan con sus pasos errantes hacia su destino. El Camino espera tras la cortina). 

Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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3 respuestas a “El ágora con puentes de oro y plata

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