Por qué los secretos y tesoros están a salvo


 

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“Ante el trono de Dios, el ángel, con los demás ángeles, permanecieron y exclamaron: ‘Señor de mi vida, concédeme la fortaleza para hollar el sendero de la revelación, cruzar el mar de la oscura ilusión y enfrentar el camino iluminado de la tierra’. Dios respondió: ‘Ve, y ve muy lejos’. (El Sendero de la Experiencia en la Tierra)

Esta mañana en la sala sonaba la “Messe Solennelle De Ste. Cécile” de Charles Gounod interpretada magistralmente por Elina Garanca. De alguna forma se había creado un espacio sagrado entre los tres componentes que allí estaban para dar continuidad a la transmisión de los misterios y aquel maestro de ceremonias, que viendo la dificultad del momento, amenizaba el lugar con esa música angelical. Los retos de aquellos caballeros que blandían sus almas para resguardar la vida del espíritu se representaba humilde en ese instante. Por dentro sentían cierta compunción por el drama del sacrificio mientras que por fuera intentaban demostrar entereza antes los retos que se presentaban. Traspasar los límites de la comprensión escenográfica era realmente complejo. Sólo desde la música se podía entender todo el conjunto.

Durante miles de años, el conocimiento, los tesoros espirituales, han estado siempre resguardados en impenetrables logias de sabiduría, en órdenes iniciáticas cuyo acceso era profundamente difícil. Las sociedades secretas eran las garantes de que la antigua sabiduría fuera depositada siempre en buenas manos. Solo los neófitos de corazón puro podían acceder a ella. Sólo los que habían entrenado un cuerpo sano y fuerte y una mente clara podían entender la sutileza de dichos tesoros. Los valores y virtudes de aquellos que durante eones han entregado sus vidas a esos propósitos se ve compensada por esa paz interior, por esa sonrisa que muestra la inocencia de un niño que arrima su mirada a los cielos que albergan la primavera humana.

A veces esos lugares misteriosos, especialmente cuando los tiempos son convulsos, se diluyen entre la maranta y la ciénaga misericordiosa confusión. Entran en lo que algunos dan por llamar la rama invisible de la creación, el estado puro donde nada ni nadie puede perturbar el trabajo que dará paso a las ideas y mejoras de las próximas centurias.

La oración y la súplica silenciosa atrae a los espíritus virginales que de forma poética y generosa cultivan la planta, el árbol, la vida. La fuente de agua pura solo es posible beberla ante un corazón lleno de gracia. Sólo aquellos de corazón puro, de espíritu alegre, de vida entregada pueden acceder libremente a los tesoros y secretos que la vida guarda para la construcción del Adytum. No hay más defensa que la pureza de intención. Todo está ahí, visible, pero solo los que sonríen como niños pueden verlo.

Por eso hoy los ángeles cantaban en esa sala. Era la señal de que todo estaba bien, de que las situaciones difíciles solo pretenden resguardar el secreto. Vendrán instantes mejores y las puertas del templo se abrirán para que de nuevo se regenere el espíritu de los tiempos. Mientras eso ocurre, los hermanos del espíritu libre seguirán trabajando en silencio para resguardar al peregrino, proteger los caminos y saciar al desconsolado. Todo ello en su entrega desapegada, todo ello bajo la melancólica mirada de los tiempos, sonrientes, a la espera de que todo esté preparado para la transmisión. Todo está a salvo, todo está bien.

 

 

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