Apología a la economía sumergida


 

20161031_110704En nuestro país siempre se preguntan porqué existe tanta economía sumergida. Estos días hemos podido experimentar lo que significa trabajar a destajo en el campo y hemos tenido una experiencia antropológica, pero sobre todo humana, aunque diríamos mejor, y para ser correctos con la experiencia, que sobre todo inhumana.

El experimento consistía en aprovechar la caída otoñal de las castañas que empezaban a inundar toda la finca y ver en qué consistía eso de lo que aquí llaman “apañar castañas”, que es algo así como volver a nuestros ancestros recolectores de las regalías del bosque y ver los resultados.

Durante tres días hemos estado con suma paciencia recogiendo una a una las castañas del suelo. El trabajo es farragoso y pesado. Tienes que agacharte, llenarte las manos de pinchazos por los erizos de las castañas a pesar de la debida protección, recolectarlas una a una, meterlas en cubos y luego en sacos, aprovechar para limpiar las zonas de los erizos y así limpiar el bosque. Como somos personas de ciudad no conocíamos muy bien la dureza del trabajo del campo y la verdad es que durante tres días, además de algún castañazo que nos ha caído en la cabeza, hemos terminado baldados.

Tras tres días y tres personas cogiendo castañas hemos recolectado tres sacos de casi treinta kilos cada uno. En total, para ser exactos, ochenta y seis kilos. Alegres y satisfechos hemos ido a la cooperativa de la localidad y hemos vendido nuestros tres sacos por un total de 68,80 euros. Nuestra sorpresa ha sido al comprobar que el kilo de castañas te las pagan a 0,80 euros el kilo cuando en Madrid o Barcelona o cualquier otro lugar las están vendiendo a cinco o seis euros el kilo. En total, 23 euros por cabeza por tres mañanas trabajadas. A algo más de siete euros por mañana y a menos de dos euros la hora.

Esto ha sido un capricho pasajero, pero ahora imaginemos que tuviéramos que pagar el autónomo, tuviéramos que alimentar a una familia media, pagar hipoteca, la luz, el agua, los impuestos, la seguridad social, las multas, los seguros y todo aquello que se supone que las familias normales que viven del campo tienen que pagar. ¿Cómo se supone que lo hacen o lo deberían hacer cuando por el camino entre la recolección y la venta hay alguien que se está llevando cinco o seis veces el precio del producto que con tanto esfuerzo y sudor los agricultores trabajan? Y estamos hablando de un producto como la castaña que dicen los de la tierra que está “bien pagado” si lo comparamos con otros productos como la leche u otro tipo de agricultura que requiere cuidados durante todo el año e inversiones imposibles de sostener.

Si tuviera hijos y tuviera que explicarles que mi dignidad humana cuesta 0,80 céntimos o lo que es lo mismo, dos euros la hora de trabajo, ¿qué clase de padre sería? ¿Cómo explicarle a un hijo que hay que hacer las cosas bien, pero que en este mundo injusto a veces hay que cometer injusticias para seguir adelante? Es imposible que personas que tienen chófer y vivan a cuerpo de rey entiendan de dónde nace la economía sumergida. Es imposible que esos señores feudales llamados diputados que se llenan la boca sobre los efectos negativos de la economía sumergida puedan entender nada de lo que dicen. Lo más sorprendente de todo es que ellos, que nos roban a diestro y siniestro con sus privilegios feudales y las regalías que todos pagamos ejerzan de legisladores y ejecutores de realidades que desconocen completamente. Que nos metan en embolados como el rescate financiero mientras tienen cuentas en Suiza y siguen trapicheando con sus amigos con o sin bigotes. Lo siento, esto no es demagogia. Esto es vergüenza y tristeza, y también un profundo agradecimiento a los pequeños agricultores que hacen lo que pueden y sobreviven a pesar de todo en este mundo tan duro e injusto.

Pd.- ¡Malditos, agradeced de corazón cada alimento que entre en vuestras bocas, pues ha llegado hasta la mesa gracias al impagado esfuerzo de muchas familias que malviven del campo!

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One thought on “Apología a la economía sumergida

  1. Comparto, totalmente, todo lo que escribes y, además, lanzo una pregunta como reflexión ¿Cómo es posible que sigamos otorgando nuestra “confianza” a esta “manada” (entrecomillo manada porque si no lo hiciera sería un halago).

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