El bello júbilo floreciente


a

«Realmente me darás una de las más jóvenes Cárites».Discurso de Hipnos

En un mundo acostumbrado a la palabra burda y mentirosa resulta difícil reencontrarnos con los principios mistéricos de las tres gracias. Solo cuando deámbulas solitario por un páramo cargado de naturaleza se puede admirar con detalle la belleza exuberante, la alegría en el trinar de los pájaros. El encanto, la elegancia, la creatividad, la fertilidad, el júbilo floreciente de un mundo que sigue encerrando en sí mismo todos los misterios.

En la ciudad ya no queda resquicio del piramús, esa torta de miel que se comía en la “charistía”. Se ha perdido el contacto con la gracia, con el honor, con la dulzura. Se ha perdido el contacto con el silencio, con la profunda conexión que resulta del abrazo inevitable entre la belleza, el amor y la sabiduría. La voluntad del encanto, la presencia casi divina de todo aquello que nos hace únicos desaparece a cambio de griterío, cosas, putrefacción, esclavitud.

No nos damos cuenta pero hemos convertido nuestras vidas en una estrecha y delicada mentira que no queremos ver, que no queremos comprender, que no queremos analizar. Esa mentira se alimenta de la ilusión de creernos felices, se empodera a golpe de crédito que se valoriza en cosas inútiles que tan solo satisfacen nuestro egóico deseo de posesión.

Poseemos orgullo, vanidad, egoísmo e individualismo a golpe de esclavizar nuestras vidas a un contrato que nos sujeta a un tiempo jornalero. Dedicamos nuestro mayor bien en una copla sin sentido que nos embelesa y nos promete la última novedad de la última cosa inútil de turno. Todo a cambio de mayor velocidad, de una mayor experiencia en la ficción alarmante de lo nefasto y tosco.

La moneda de cambio es costosa. Nuestra jaula de grillos nos ha alejado de la esencia, de lo útil de la vida que no es más que el amor y el compartir con diligencia y sosiego. Lo burdo se apodera de las parcelas y la vida se corrompe de un vacío esperpéntico.

El purismo renace como una opción extremista. Un purismo hipócrita que se azota los costados mientras enarbola al dios mentiroso. Nos vendemos al mejor postor y ahí se terminan los principios, los valores, el honor de ser fieles a nosotros mismos. La fiesta ya no es muda, ahora se celebra despiadada. 

Hoy la música nos recordaba que la belleza debe gobernar de nuevo nuestras vidas. Nos urgía a resucitar el arte, la cultura, las tres gracias. El profundo halo de libertad que se escucha en la cima de un monte encumbrado nos eleva a ese resplandor profundo de magia necesaria. Recobrar la naturaleza, reencontrarnos con ella, elevarnos en su fragancia perfumada por avisos del cielo. Ese azul, ese verde profundo de montañas arrojadas a la suerte humana. Ese aire que aún brota desde los confines oceánicos. Ese volcán que explota dentro de nosotros mismos como un aviso urgente. Ese baile necesario, desnudo, secreto.

Aglaya, Eufrósine, Talia. El bello júbilo floreciente. Las tres diosas que deberán ser resucitadas en esta mundo de guerra y frío, de soledad y espanto, de desgarre apocalíptico. Los poetas y los románticos siempre se enzarzaban en ese caprichoso delirio llamado esperanza. La esperanza siempre de un mundo nuevo, calmado, amoroso. Muchos terminaban, ante el fracaso, en suicidio. Otros, empeñados en cambiar al menos un ápice nuestra naturaleza humana, encerraban su codicia y despertaban de nuevo el anhelo del trabajo silencioso, respetuoso y cargado de esfuerzo en el compartir. La realeza de sus acciones, y no de sus palabras, es lo que sigue inspirando a la nueva ola de servidores del mundo. La Belleza, el Júbilo y la Floreciente vida nos espera.

Anuncios

4 thoughts on “El bello júbilo floreciente

    • Me gustas como escribes y cómo describes todos los “estados” de nuestro transitar por la vida.
      Quedo impresionada por tanta verdad y como lo expones.
      Nada de “ego” pero, realmente, es bonito.

      Me gusta

      • Gracias Belén. No creo que sea ninguna verdad, en todo caso, algo que percibo desde la más absoluta de las ignorancias. Pero me sirve como desahogo ante la impotencia de un mundo que muere irremediablemente y ante la evidencia de otro que, con ese grado de esperanza, parece que desea resurgir.

        Me gusta

    • Gracias Ana, estoy convencido de que en la naturaleza interior del ser humano reside toda esa belleza. También en la ciudad. Pero allí, me temo, nos hemos vuelto absolutamente locos. ¿O seré yo el loco, que sumido en un arrebato de indignación me despacho a gusto desde una apacible colina?

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s