Decrecimiento personal


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Fijaros como pasa el tiempo. No somos dueños de su devenir. Apenas podemos atrapar algo tan pequeño como un segundo. Todo se escurre, lo dejamos pasar, lo dejamos caer en acciones absurdas, cosas que distraen nuestra atención y nos alejan de la vida, de la consciencia, del nosotros.

Hemos hablado muchas veces del necesario decrecimiento material para que las futuras generaciones puedan tener un planeta lo más sostenible posible. Tal y como está el mundo constituido hoy día, donde la avaricia y el egoísmo son los protagonistas de nuestras vidas, el planeta tierra y la vida humana tienen los días contados.

Resulta difícil pensar que estas claras ideas sobre la necesidad decreciente contraste repetidamente con los mensajes antinaturales que nos vienen día a día sobre la necesidad de crecer, crecer y crecer.

Hoy, gracias a la ingeniosa interpretación de una persona que nos visita estos días, nos dábamos cuenta de la necesidad de decrecer también desde los planos del ego, como personas. Decrecer en ruido, en ambiciones, en egoísmos, en búsquedas estériles, en recursos, en emociones tristes, en pensamientos caducos, en miradas engañosas.

Quizás tengamos que expresar la vida desde otro contexto, pero entiendo que esto nos puede resultar imposible. ¿Cómo cambiar tantos y tantos patrones insertados con sangre y fuego durante miles de años en nuestra psique? ¿Cómo decrecer si eso nos puede llegar a pensar que somos vulnerables o débiles ante los demás?

El decrecimiento lo podemos experimentar de forma material, pero admitamos que resulta excesivamente complejo aplicarlo a nuestra psique, a nuestras emociones. De alguna manera, siempre queremos más de algo. Más abrazos, más cariño, más consuelo, más alegría, más pasión, más aventura, más esperanza, más amor, más prosperidad, más, más y más.

Resulta muy difícil decrecer personalmente, buscar una vida sencilla tejida por unas emociones equilibradas y una lúcida esfera de pensamiento. Es complejo vivir una vida plenamente tranquila. Es difícil saborear la paz de no hacer nada mientras el tiempo se escurre por entre los dedos. La vida se apaga, pero en nuestra distracción continua, deseamos crecer. Es como el universo que se expande hasta el infinito. Es una metáfora interesante, aunque quizás olvidemos que el universo respira… pero también inspira…

 

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