La poderosa llama de la luz


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La vida sigue siendo esa suma de momentos. Podemos crear momentos únicos, momentos mágicos, momentos felices. Si los momentos pueden ser compartidos resultan reconfortantes. También nos podemos permitir, si nuestro cuerpo emocional así lo necesita, momentos de recogimiento, de silencio, de duelo, de dolor, de nostalgia, de tristeza. Esos momentos, a veces profundamente dolorosos, podemos convertirlos en puentes para comprender que la vida requiere ser vivida con cierta desesperación. Quiero decir que debemos estrujar todo cuanto nos empuja a vivir, sacar todo su jugo, vencer al tedio de la pesadez emocional y entrar en el limpio campo de la mente lúcida y concentrada en el instante presente.

Si somos capaces de crear ese pequeño puente seremos capaces de abordar la empresa de acercar nuestra lucidez hacia eso que algunos llaman la consciencia. Estamos hablando de un plano de existencia diferente, de una forma de ver la vida refrescada por un halo de luz que atraviesa las dimensiones intangibles de la existencia. Un linaje que se transmite desde lo más profundo.

Estos días de triste duelo intentaba arrastrarme por los bosques en silencio, tumbando mi alma al reposo de los elementales de la tierra para que intentaran recoger todo aquello que de alguna forma les he arrebatado. La muerte de un ser, de cualquier ser, es algo que nunca sabemos calibrar del todo. Pero la muerte de todo aquello que pudo ser y nunca fue es aún peor. La imagen de esa pérdida nos seguirá por siempre.

Por eso me he diluido, invisible, entre los espectros de la noche, intentando aconsejar al devenir sobre la reconciliación inevitable, sobre la alianza ante aquellas cosas que no podemos manejar, esas cosas que son más fuertes y grandes que nosotros.

Mientras todos despliegan una vida normal en un mundo aparentemente normal, sentía como estas semanas huía de aquello que desde la visión de la consciencia produce cierto dolor. Habrá secretos que serán siempre enterrados en los corazones. Habrá realidades que jamás verán la luz. Habrá momentos para seguir explorando las incógnitas de la vida.

Mañana hemos decidido ir a la feria para liberar conejos y gallinas. Será un acto de transformación, de mutación. El laberinto primitivo que hemos hecho en los bordes del bosque encantado parece que ya tiene forma. En el laberinto uno se encuentra cómodo porque podría caminar por sus calles hasta el alba sin haber desvelado uno solo de sus secretos. Mañana liberaremos al reino animal en ese laberinto y seguiremos, secretamente, redimiendo nuestros misterios. La noche caerá de nuevo. Será fácil mirar al cielo y ver con claridad toda la escena posible. Será fácil, al mismo tiempo, liberar la tensión de estos días.

Mañana el bosque espera, y algo importante será liberado. Una pena, un duelo, un halo de tristeza, algo más que una emoción que necesitará volar alto para entender la poderosa llama de la luz. Sólo en ella podré encontrar consuelo. Sólo desde ella podré entender la vehemente experiencia.

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