Construyendo el puente hacia la consciencia


AnA

El ser humano, a lo largo de la historia, ha logrado romper la brecha que existía entre su mentalidad primaria o física y su percepción más sensorial o emocional. En muchos aspectos, hemos dejado de preocuparnos por cosas básicamente materiales y hemos logrado aproximarnos al deseo, a la emoción y a la sensibilidad hasta tal punto que aquello que es material en nuestras vidas es conseguido dependiendo del grado de emoción que alberguemos dentro. Es decir, compramos cosas no según nuestras necesidades materiales, sino dependiendo de nuestras necesidades emocionales. Esto ha sido un gran avance que ha provocado que la tecnología de los tiempos se fuera acoplando a los deseos humanos, provocando un avance considerable. Ya no se trata de fabricar una herramienta simple, como podría ser un hacha rudimentaria, para poder comer. Sino que podemos fabricar cosas para hacer el acto de la comida mucho más placentera, compleja o emocional.

Un segundo avance importante, aún tímido pero perfectamente visible tiene que ver con la revolución de albergar, más allá del deseo, procesos mentales que conllevan lógica y racionalidad, abstracción y poder creativo. Hemos sido capaces de desarrollar discernimiento para albergar dentro de nuestros mecanismos de decisión procesos más allá de la lógica del deseo. Ahora podemos entender que la mente es una herramienta poderosa para provocar en nuestras vidas decisiones más acertadas, más alejadas del simple capricho temporal o de ciertas emociones de turno. Ahora empezamos a obrar según un juicio más próximo a reglas y pensamientos, a procesos que nos enseñan que la discriminación positiva puede hacer de nuestras vidas algo más sereno y acertado.

Los procesos mentales han desarrollado a su vez la capacidad de crear un puente hacia eso que llamamos consciencia. No tan sólo consciencia de nosotros mismos, del medio en el que nos movemos y del universo entero, sino también consciencia de algo mayor a nosotros y de algo, sería más bien un proceso vivo que una cosa, que de alguna forma determina las respuestas que el mundo requiere para entender todo el transcurso existencial.

Basados en este conocimiento primario y esta diferenciación entre aspectos básicos de nuestra existencia (materia, energía, emociones, pensamiento, consciencia) se ha de desarrollar todo el inteligente desenvolvimiento psíquico del futuro. Esto creará nuevas realidades, nuevas formas de tomar decisiones en nuestras vidas personales y grupales más próximas al beneficio grupal que al individual. No es lo mismo decidir cosas basadas únicamente en las percepciones materiales o emocionales, que hacerlo desde una mente entrenada y una consciencia libre guiada por una sana emoción que alberga amor y entrega. De igual forma, en un futuro, tendremos la facultad de comprender estos hilos de la conducta existencial y podremos hilar aquello que nos haga más creativos, más activos en todos los planos de existencia y sobre todo, más generosos. Es decir, dejaremos de pensar en la comida como algo material o placentero. Nuestro cambio de mentalidad y de consciencia nos hará cocinar para muchos, especialmente para aquellos que más lo necesitan. Nuestro afán ya no será satisfacer nuestro apetito, sino satisfacer el apetito de los necesitados.

Se evidencian grandes avances en el plano de la tecnología, pero mayores serán los avances en los planos de la consciencia, ese lugar aún no explorado y que nos debe capacitar con éxito para emanciparnos del error, la ignorancia y la desdicha. Para alejarnos de paso de la inercia, la ceguera y la esclavitud.

Más allá del hilo de vida que corre por nuestra sangre y facilita la regeneración material de nuestro vehículo físico, existe a su vez ese hilo de consciencia. Este aspecto de la vida que controla los mecanismo de respuesta del cerebro, dirige la actividad y origina la conciencia en todo el cuerpo. Ese rasgo que nos caracteriza nos elevará algún día a cuotas de vida inimaginables actualmente. Nos dará una visión diferente de las cosas y con un poco de disciplina y trabajo interior nos llevará hasta dimensiones inconcebibles. Pensaremos en los demás y de alguna forma buscaremos fórmulas para promover el bienestar común.

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