Sobre las causas del bien


aaa

A diferencia del mal, el cual muchas veces nace por ceguera, ignorancia o error, el bien nace desde la consciencia, la sabiduría y la buena voluntad al servicio de la alegría y el correcto hacer. A veces pensamos que el dolor nace del mal, cuando muchas veces nace de algún tipo de desajuste interior que no termina de entender las complejas circunstancias de la vida. Cuando no aceptamos, cuando no creemos en nosotros mismos, cuando nos dejamos llevar por lo de fuera y no por lo de dentro, el desajuste está asegurado.

Por eso es interesante profundizar en las causas del bien no solo como un acto moral o ético circunscrito a una época o territorio, sino también como algo universal, como algo que nace desde la más profunda experiencia interior.

No hay nada particular en la vida circundante excepto aquello que se cuece en nuestro interior como causa primera. Si dentro de nosotros hay sombras, fijaremos la atención en los claroscuros de fuera. Si dentro hay luz, será lucidez lo que expresaremos. Las proyecciones son interesantes puesto que prevalecen sobre la realidad objetiva. Son nuestras emociones y nuestro pensar con respecto a lo que ocurre lo que dará un enfoque diferente a la realidad, y por lo tanto, a nuestra percepción final sobre la misma.

El bien se asume ante la necesidad de crear un espacio cómodo para la vida. Deseamos ser recipiendarios de ese halo de música que todo lo atraviesa. Deseamos lograr la mayor de las perfecciones, el mejor grado de complacencia para que los nuestros estén perfectamente cómodos y alegres. Ese es el bien máximo, desear lo mejor para el otro. Pero ante ello se interpone muchas veces nuestra ceguera, nuestro egoísmo, nuestra vanidad o nuestra propia mentira. Eso nos aleja de la misión última de todo ser humano: ser pacientes sujetos de bienestar, obradores del bien en todas sus dimensiones.

Ocurre que la vida no es sencilla, ni plana. Está cargada de circunstancias que nunca controlamos. Una enfermedad, una pérdida, una cosa con la que no contábamos. Es evidente, o así lo parece, que todo cuanto ocurre obedece a una causa para la cual nunca estamos preparados. El entendimiento sobre los arquetipos de todo cuanto ocurre se escapa a nuestra inteligencia, tan acostumbrada a lo inmediato, a lo perecedero. Nos cuesta creer y aceptar toda esa red oculta de acontecimientos.

Por eso las causas del bien tienen que venir de algo mucho mayor que nosotros, algo que nos sobrepasa, que se hilvana en alguna esfera o dimensión superior a nuestro entendimiento. Por eso, de forma humilde, más allá de nosotros, debemos atender a su llamado. El bien nos llama a perpetuar el sentido de nuestra propia existencia. El bien siempre nos llama a ser tejedores de esa malla de vida consciente.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s