La difícil tarea de crear una comunidad en España


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Durante casi diez años he tenido el privilegio de visitar y convivir en algunas comunidades utópicas de varios países diferentes. No es un fenómeno nuevo pero sí es algo que se está reactualizando en un mundo que está pasando del paradigma del materialismo al posmaterialismo, un marco diferente con valores diferentes, más solidarios y de mayor calado en las experiencias humanas, y no en las cosas. Dada la compleja situación ecológica en la que nos encontramos, y dado que el sistema actual de las cosas no podrá soportar en pocos años todo este declive de autodestrucción de los recursos y de la convivencia, están naciendo por todas partes proyectos que intentan menguar de alguna manera la huella humana.

En España existen algunas comunidades, no muchas, cada una cargada de particularidad. Dada la peculiaridad de nuestro país, se podría decir que ninguna de ellas se parece en nada a las otras, y la mayoría no supera la docena de miembros. Es probable que la mitad de ellas desaparezcan en los próximos años y las siguientes en las próximas décadas. Esto se debe a que en nuestro país aún seguimos siendo particularmente individualistas y particularistas, es decir, aún no somos capaces de vivir en comunidad con todo lo que eso conlleva. Fundamentalmente porque todos y cada uno de nosotros queremos vivir en una comunidad creada a nuestra imagen y semejanza. Es decir, en el fondo queremos seguir viviendo nuestra propia individualidad.

Este detalle resulta anecdótico y complejo. ¿Cómo encontrar una comunidad que sea fiel reflejo de nuestra psique y nuestro sentir? Hay algo que en España no sabemos aún hacer: ceder. No cedemos en política, no cedemos en economía, no cedemos en la pareja, ni en orgullo, y no cedemos en esa manía nuestra de ver al otro como un enemigo. La envidia, el egoísmo y la vanidad hacen el resto.

Todo esto lo experimentamos constantemente en nuestro pequeño proyecto. En este hermoso lugar hemos acordado tan solo tres acuerdos de convivencia, y esas tres normas básicas pueden resultar algo incómodas. Tener una dieta vegetariana, no ingerir ningún tipo de alcohol ni droga y no practicar nudismo por respeto a nuestros vecinos para nosotros siempre resultó algo motivante. Una forma de cambiar los hábitos, las costumbres y todo aquello que hemos heredado sin ser cuestionado.

Se trata solo de cambiar hábitos que en todo caso benefician a nuestra salud física y mental. No es algo que impongamos a nadie, ni se trata de un mantra que repetimos todos los días. Es simplemente una filosofía, una forma de ver y entender la vida. Si alguien necesita una ingesta de alcohol o carne o algún tipo de droga siempre podrá hacerlo de forma libre en el pueblo de al lado. Aquí el decorado es diferente. Tratamos de profundizar en la idea de la paz y la no-violencia, empezando con nuestro particular laboratorio: nuestro cuerpo.

A veces vienen personas y desean cambiar esos acuerdos. Es como si fuéramos a casa de un amigo y en vez de disfrutar de una charla distendida y amena estuviéramos obcecados en cambiar las cortinas de su casa porque el color de las mismas no nos gusta. A veces ocurre que vienen personas con toda la buena voluntad del mundo y desean cambiarlo todo desde el primer día, perdiendo el respeto por el lugar, por sus gentes y por sus formas de vida o sus normas absurdas, como nos han llegado a decir. Desean convertir la comunidad a la que llegan a su imagen y semejanza.

En estos años hemos aprendido algunas cosas. Para crear una comunidad hay que ser tolerantes con las idiosincrasias particulares del resto de los miembros. Pero también hay que ser escrupulosos con el lugar que nos acoge, con sus acuerdos y costumbres. Especialmente respetuosos con lo que veamos sin intentar cambiarlo todo desde el minuto cero. La difícil tarea de crear una comunidad en España tiene que ver con nuestra propia singularidad nativa. Por ello disfrutamos de estos retos e intentamos acoplarlos a la ya compleja tarea de crear un mundo diferente, más tolerante y con una visión diferente de las cosas. Bienvenida la diferencia y la diversidad. Bienvenida acompañada de respeto y tolerancia.

 

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