Una herencia colectiva


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Estamos recién llegados del mar Egeo. Allí hemos vivido en primera persona todo ese caos mundial que sacude al planeta con un sufrimiento humano indecible. Las causas de las guerras todos las conocemos. Es algo que está inserto en nuestro interior, en nuestra herencia colectiva como seres que aún no han conseguido llegar a un estadio y razonamiento de paz. Es una herencia que requiere urgencia, sanación, cambio. Admitimos que todo lo que hemos visto nos ha sobrepasado. Hemos tenido nuestra propia crisis interior al percatarnos de que existen sesenta millones de desplazados y refugiados por las guerras y el hambre, por el terror y la sinrazón. Nosotros solo hemos podido abrazar a un par de miles de esas personas de carne y hueso que han sobrevivido al horror y que buscan desesperadamente un lugar en la tierra.

Cuando hemos llegado a nuestro pequeño rincón de seguridad, a nuestro humilde paraíso cargado de primavera nos hemos puesto a trabajar duro. En la huerta, en el futuro gallinero, en las cabañas, en la acogida de nueva gente bonita que viene a echarnos una mano. Nos hemos dado cuenta que la mejor manera de hacer posible ese estadio de paz mundial tan necesario es simplemente cumpliendo con nuestra parte en esta herencia colectiva. Trabajando en silencio, sin mucho ruido, en aquello que creemos que pueda ser útil para el conjunto de la humanidad. Todo ello mientras no podemos olvidar los rostros de esos humanos desvalidos y abandonados a su suerte.

Nuestra aportación es minúscula. Estamos creando un lugar que sirva de inspiración y cooperación entre los seres humanos de buena voluntad. Un lugar de esfuerzo y servicio desinteresado donde se profundice sobre las causas del bien y podamos juntos, en paz y armonía, fomentarlo. Sólo de esta manera se nos ocurre atajar el temor y la desdicha de esos millones de refugiados que deambulan sin un futuro esperanzador. Nuestra casa de acogida será humilde y pequeña, pero será y estará abierta para todos. Para cada uno de aquellos que necesite un lugar tranquilo, un reposo, un trozo de cariño.

Este mes dos personas más están empezando el programa de tres meses. Eso para nosotros es una buena noticia pues tras dos años de trabajo duro nos damos cuenta de la necesidad de ser cada día más almas bonitas con capacidad de entrega para que juntos podamos llevar más luz y cariño al mundo. En este proceso de gestación de la comunidad, deseamos que cada día seamos más gente, más personas trabajando en consonancia, desde el buen humor mañanero hasta las tardes más recogidas. Si somos más manos podemos ofrecer más cariño y amor. La construcción material de la casa de acogida, de la comunidad y de la futura escuela de dones y talentos es necesario, pero también la construcción interior de todos los que pasamos por este lugar.

Las tragedias colectivas, la herencia que hemos adquirido en estas últimas generaciones deben ser reemplazadas, deben ser sustituidas por valores más humanos y más llenos de consciencia. Nuestro afán sigue siendo el mismo: hacer de un mundo bueno, un mundo mejor. Y para ello, estaremos empeñados en cumplir con nuestra parte. Cueste lo que cueste.

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