Cuando el alma se desborda


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La personalidad, el ego, realmente no ve nada. Finge que todo está bien, que la vida es así y que no existe más tragedia que la de soportar el peso de la propia existencia. Nos levantamos, desayunamos de forma mecánica, preparamos la comida para miles de refugiados, soportamos la tensión a la hora de reparirla y luego el día transcurre con mayor o menor gloria. Pero más allá de esa vida mecánica cuya venda desea ignorar la magnitud de lo que nos rodea hay algo que interiormente nos remueve. Algo que no nos atrevemos a desvelar por temor a quebrarnos en cualquier momento.

En estos días habremos cruzado la mirada con más de dos mil refugiados de los cerca de cincuenta mil cuyo destino a día de hoy sigue siendo incierto. Grecia vive una de sus peores crisis al mismo tiempo que en frías oficinas y despachos institucionales de instancias europeas se decide el futuro de tantas almas. En esas oficinas no se huele la tensión de las filas de comida, ni se respira la violencia que algunas tardes deambula a sus anchas entre los refugiados de uno u otro país. Nadie quiere afrontar la responsabilidad humana de lo que aquí ocurre. Nadie quiere aprovechar este momento crucial para poner a prueba soluciones globales.

Por dentro me siento roto. Hoy he anunciado que mañana no saldré con la máscara de payaso para robar sonrisas. No me veo con fuerzas ni me siento preparado para tamaña responsabilidad. Tengo el alma rota. Me siento completamente desbordado. Como si toda esa marea de gente que acude todos los días a la cola de la comida hubieran entrado en mí con toda su tragedia humana.

Hemos venido hasta aquí en silencio. No hemos pedido nada a nadie. Nos hemos pagado el  pasaje y la estancia a pesar de que hay ONGs que te lo pagan todo. No queríamos molestar ni quitar ningún tipo de recursos a los que más lo necesitan. Y aún así, sentimos que nunca es suficiente.  Sentimos que queda mucho aún para que algún día desaparezcan las guerras y los campos de refugiados. Mientras eso llegue, seguiremos llorando como alma grupal. Mientras eso ocurre, esta noche nos toca hacer guardia en las costas para ayudar a las familias que escapan de la guerra y esperan aquí un mundo mejor. Los que están en el otro lado no saben que aquí, en esta pequeña isla del Egeo, se está librando otra batalla.

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