Lo más frágil de nuestra condición humana


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Muchas veces lo pasamos mal en la vida. Somos seres vulnerables e indefensos ante cosas que nos desbordan. De todos los males que ocurren, el peor de ellos es el abandono, la muerte civil, la ignorancia y la rudeza de que todos, absolutamente todos, te den la espalda. Cuando cometes errores, y cuando esos errores se multiplican uno tras otro porque las situaciones nos sobrepasan o la realidad nos excede, pocos son los que en esos momentos se aproximan a ti, te llenan de aliento, te sujetan la mano.

Estos días me han preguntado porqué he dado la cara por un amigo juzgado social y públicamente como algo horrendo, despreciable y como reflejo de lo más podrido de la sociedad. Me acordaba de aquel hombre de Galilea que presumía de abrazar a ladrones y prostitutas y que un día, paseando por un valle cerrado con sus discípulos, mientras que estos se tapaban la cara ante la imagen podrida de un cadáver en descomposición, él se limitó a decir: mirad sin embargo como brillan esos dientes, parecen perlas de un profundo océano.

Esas perlas se encuentran en todos los seres humanos, incluso en el más horrendo, en el más malvado, en el más despreciable de ellos. La repulsa que sentimos, el asqueo que vemos ante situaciones moralmente indignas no son más que pequeñas motas que se ven reflejadas en el otro. Cuando alguien se equivoca y entra en la rueda del escarnio público no es su actitud, sino la nuestra ante esas circunstancias lo que hace que una sociedad sea grande y digna o sea de nuevo una precursora de debilidades y fracasos.

Estos días recibía proporcionalmente halagos y desprecios por mantener firme una actitud recta ante las circunstancias. No era cuestión de defender lo indefendible. Tan solo demostrar cierto apoyo hacia una persona que merece al menos un trozo de calor humano, un mínimo de dignidad como ser sintiente.

Me gustaría que cuando en el futuro me equivoque, y sé que como ser humano lo haré, alguien esté ahí, esperando para tender una mano, para abrazar al alma dolida, para bucear juntos en los errores y mejorar en todo momento cualquier cosa que pueda ser mejorable. Estamos acostumbrados a huir de lo malo y estar solo presentes en lo bueno. Pero es en lo malo, en las crisis, cuando más nos necesitan, cuando más necesita esta sociedad abrazarse, unirse y empoderarse en el amor, el perdón y la compasión hacia el otro. N necesitamos más justicieros. Necesitamos más silencio, comprensión, análisis. Necesitamos desmontarnos por completo para reencontrarnos con la esencia que alguna vez nos unió. No la fábrica, no la ciudad, sino el sentido humano de convivencia, de apoyo, de solidaridad.

Cuando eso ocurra y dejemos de juzgar los errores sin buscar ningún tipo de mejora, la sociedad brillará de nuevo, y será la virtud lo que nos domine. Será el honor y el amor hacia la verdad lo que nos conmueva. Será la esperanza lo que nos una en un proyecto común, bello y colectivo, donde las sombras se irán diluyendo para proteger lo más frágil de nuestra condición humana: la dignidad.

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3 thoughts on “Lo más frágil de nuestra condición humana

  1. Entiendo lo que dices y temo que acabes crucificado porque , obvio parece, el ser humano poco ha evolucionado en lo más básico de sus instintos atávicos.
    Quisiera abrazar tu fe y dejar de pensar, como Plauto, que “Homo hominis lupus” y ni el poder de la razón se atreve a contrariar a la naturaleza.

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  2. Hola Javier, desde aquí te abrazo, un abrazo de CORAZÓN. Tu forma de ver la vida dice mucho de ti. Los errores de esas personas que públicamente salen en los medios de comunicación y que después la sociedad utiliza para despreciar y odiar a dichas personas, dice mucho de la sociedad y el estado de conciencia general. Esas personas salen a la luz pública no para que los despreciemos ni para que los juzguemos sino para que cada uno (personalmente) nos demos cuenta por donde no ir en el camino y por supuesto si ahondamos mas, analizar nuestra vida, una vida que como tu muy bien dices, por ser humano también tenemos errores, y que cuando cometamos uno no haya nadie con la piedra en la mano, porque ya hace mas de 2000 años vino uno y dijo “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra” y todos se alejaron. En fin que todo esto sirva para que tomemos conciencia. Javier un abrazo.

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