Cuando la vida te sacia


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Aquí en Galicia es fácil amanecer con lluvia, desayunar con nieve y merendar con un sol casi de verano. El tiempo cambia, la vida fluye a un antojo extraño donde nunca vas a saber qué pasará en el siguiente instante. Eso la hace realmente emocionante y de alguna forma te das cuenta de que lo único que permanece real en la vida es el cambio. Todo cambia de forma vertiginosa y fluir con ese cambio es estar en sintonía con la existencia entera. Tienes un propósito, una idea de cómo serán las próximas horas o los próximos días y de repente todo cambia. Y si fluyes con ello, si te dejas arrastrar por la corriente de la vida, resulta que lo que nos espera es aún mayor y maravilloso. La vida siempre se nos presenta como un milagro difícil de entender, como un misterio difícil de alcanzar, pero como algo cercano que está ahí, esperando preñar toda tu existencia.

Este fin de semana ha sido algo así. Lleno de magia, de color, de música. Aparece de repente un ángel en tu vida. Algo que no esperabas y que, sin embargo, es capaz de transformar esquemas muy sólidos respecto a tus creencias sobre cientos de cosas. Todo se derrumba con una sola mirada, con una sonrisa, con un abrazo estrecho e íntimo. Es como si el paisaje anterior dejara de existir para afrontar de repente una mezcolanza nueva, un escenario diferente. Algo especial se vuelve aún más especial y radiante. Todo explota de repente para reconvertir aquello que parecía seguro.

Es vivir en un mundo maravilloso cuando de repente aparece alguien y lo hace aún más increíble y mágico. Como si ese mundo se volviera más brillante, más lúcido y más poético cuando descubres que aún hay personas que brillan con luz propia. Gente buena, seres increíbles que nos cambian la vida constantemente. Que aparecen y ya sabes que siempre van a estar ahí. Que los abrazas y los amas y esconden dentro de ti parte de su vida, de su tesoro, de sus secretos más íntimos.

De repente te sientes como si todo fuera de un color diferente. Como si aquello que pensabas que ya era lo máximo se volviera aún mayor y majestuoso. El cielo se encarna en la tierra y basta un suspiro para abarcar todo el universo entero. Aquello que antes veías como limitado se expande sin fin por una tierra ilimitada, por un horizonte inabarcable.

A veces el cielo mudo te marca un rumbo extraño, algo que no esperabas, pero que de forma increíble resulta que es algo mucho mayor de lo que habías imaginado como justo y necesario. ¿Qué hacer entonces? Seguir sus sendas, sus caminos, practicar sus veredas y salpicar de alegría cada valle, cada monte por descubrir, cada riego de sustancia vital que reclama atención y cariño. Te entregas a la vida y la vida te recompensa con algo mayor, con algo angelical. Ahora sé que todo puede ir siempre a mejor. Ahora sé que todo puede resultar aún más extraordinario.

 

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