La espontánea y afable persistencia


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La vida es un conjunto de propósitos interiores. Realmente dibujamos en la materia aquello que alguna vez hemos soñado. Dependiendo de la calidad de nuestros sueños, la realidad se trazará de una u otra forma. Cuanto mayor tiempo dediquemos a soñar, a imaginar con profundidad cada detalle de nuestro anhelo, mejor será el lienzo, las pinturas y la calidad artística de nuestra realidad. Un pequeño esfuerzo de reflexión, de meditación, de imaginación creadora y la vida se manifiesta con todo su esplendor.

A veces el sueño nace de un profundo sentido de la existencia. Como si algo más fuerte que nosotros nos empujara a seguir un camino y no otro. Cuando eso ocurre, cuando al trazar la línea que separa una realidad de la otra nos enfrentamos a la construcción de ese anhelo, una sonrisa se dibuja en nosotros. La sonrisa interior, esa que reconocemos como sincera, como algo real y verdadero dentro de nosotros, es el claro indicador de que la aventura acaba de empezar.

Ayer noche presenté por fin el primer borrador de mi tesis doctoral. Aún recuerdo los días de instituto en los que soñé con este día. Siempre me imaginaba en algún lugar recóndito escribiendo y compartiendo las enseñanzas de la vida, de la naturaleza, de los sonidos de la noche y los susurros del día. Ayer me di cuenta de que estaba culminando ese sueño de juventud, exactamente como lo había soñado.

Eran tiempos de introspección, de mística y encuentro con el misterio, con lo perdurable de la existencia, con la encrucijada del devenir. Años de travesías por desiertos solitarios, por arenales que intentaban mostrarme un camino nacido de la intuición más que de la certeza. Luego llegó el aprendizaje, el estudio, el conocimiento de este entramado de redes, energías, fuerzas y dimensiones que se mezclan unas con otras para configurar el mundo en el que vivimos. El viaje interior se entrelazaba siempre con el viaje exterior, como aquellos compagnons que en la edad media viajaban para aprender el oficio.

Mientras anoche escuchaba los estremecimientos del bosque comprendí que el estudio ya había terminado, y que la mejor forma de progresar en la vía de la vida era mostrar una predisposición total para eso que vagamente llaman el servicio, esa maestría de entregarse silenciosamente al otro. La dádiva, la entrega necesaria tras la introspección y el conocimiento es la triada necesaria para alcanzar ese lugar donde nos sentimos plenos, satisfechos y útiles con la Obra mistérica. Interiorizar, aprender y luego practicar los caminos. No veo ahora otra forma de completar la vida si no es haciendo aquello que pueda ser útil para el conjunto humano, para el progreso hacia la vida superior del alma, del espíritu, del Misterio.

Ya no puedo pedir más a aquellos sueños de juventud. Ahora toca afanarse para preparar la edad adulta, completar los ciclos vitales de forma alegre y comprensiva, con esa máscara de ancianidad y sosiego, con ese destello lumínico que nos guía en la noche hasta alcanzar la plenitud de la muerte egoica. Ahora toca movilizar las fuerzas para que toda esa energía condensada en las semillas del mañana se desparramen por toda la tierra, sembrando los valores, las enseñanzas y la luminosidad del mañana. En silencio, alegres, sencillos. No se puede pedir más a la vida. El solo hecho de ser útil a su propósito oculto ya es de por sí un regalo poderoso.

Quizás en unos meses mi personalidad llegue a alcanzar el sueño errante de ser doctorsito. En ese momento, algo morirá para convertirse en nada y al mismo tiempo en todo. Morir a una dimensión para encarnar el verbo de una nueva vida más desnuda, sencilla y discreta. La espontánea y afable persistencia nos conducirá hacia ese nuevo mundo. Diez años de esfuerzo paciente ha tenido su propia recompensa. La satisfacción de que con calma y esfuerzo cualquier proyecto es posible, realizable. Incluso el llegar a ser doctor en antropología cuando de pequeño siempre fuiste el último de la clase.

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One thought on “La espontánea y afable persistencia

  1. Me llamó la atención el último comentario “Incluso el llegar a ser doctor en antropología cuando de pequeño siempre fuiste el último de la clase.” Porque eso de ser el último de la clase ha marcado a muchos, quedandose anclados en condicionamientos errados, en creencias erradas. Que bueno que tu historia sea una historia de despertar, de que las creencias y los condicionamientos pueden ser cambiados. Salud! por tu logro. Felicidades!

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