Al otro lado del espejo


a.jpg

Me doy cuenta de que desde aquí puedo opinar poco sobre el mundo. Quizás sea porque ya haya un exceso de opiniones, o porque vivimos cargados de paisajes que nada tienen que ver con esas imágenes difíciles de digerir.

Esta mañana me paseaba por los prados y pensaba que desearía poder abrir las puertas de este lugar para acoger a esos cientos de miles de refugiados. Pero luego pensaba, ¿cómo hacerlo? La mitad mueren en el mar y la otra mitad son arrastrados hacia fronteras asfixiantes, humillados y desterrados a su suerte por no haber nacido en otra tierra.

Y luego sigo mirando las noticias y aún quieren levantar más fronteras, más cosas que nos separen, no importa si son cosas políticas o culturales o lingüísticas. El caso es mostrarse diferente, ajeno al otro, como si eso nos diera un cierto estatus de no se sabe qué orden superior.

Y sigues mirando y ves los cadáveres por todas partes, las plagas, la destrucción de las guerras, la contaminación, el aire irrespirable. Cosa que contrasta con esos largos vestidos de terciopelo, o ese género de frisa que ha costado millones de vidas para ser arrancado de un trabajo esclavo para que alguien, solo una o dos personas, se declaren las más ricas del planeta.

En ese absurdo vivimos y lo más terrorífico de todo es que peleamos, damos nuestra vida por ello, luchamos por defender esa injusticia constante, ese teatro representado por títeres que se enfrentan unos a otros a cambio de ser los nuevos príncipes maquiavélicos.

Esta opinión es una excepción porque desde aquí poco o nada se puede decir. El mundo seguirá rodando quien sabe hasta cuando mientras que aquí, lo único que rueda son los ciclos de la naturaleza, los achaques del tiempo y la gente que pasea por prados y bosques de forma silenciosa, en profunda meditación. Es una calma extraña y también incómoda, porque nada de lo que ahí fuera pasa me es ajeno. Y aunque quisiera poder hacer otras cosas, ahora sé que la única forma de ayudar de verdad es seguir luchando por esta pequeña mota de utopía. Quizás sirva de revelación para alguien, de guiño, de simple esperanza. Quizás de aliento para seguir adelante a pocos o algunos. En todo caso, me seguiré interrogando por saber como poder ayudar más, como poder dar más, como poder arropar aún a más gente que necesita consuelo, calma y lucidez. Me doy cuenta cuando llegan. Vienen buscando aliento. Necesitan agarrarse urgentemente a otro referente. Lo entiendo. Por eso ya no opino. Sé que ahí fuera todo parece terrible.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s