Cuando las cosas vuelven


 

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Un paisano nos había advertido hace unos días que estaban en sus tierras. Cuando nos llegó la noticia casi no podíamos creerlo. En ese tiempo andaba yo enamorado y distraído y me tocó hacer de pastor. Un estúpido descuido se tradujo en la pérdida de las dos cabras recién llegadas a la finca. Alguien nos avisó de que las había visto por las montañas y tras una infructuosa búsqueda, las dimos por perdidas. Más de siete meses después han vuelto a aparecer. Se resguardaban de los lobos en algún peñasco inaccesible excepto para el paisano, que las tenía localizadas y que de vez en cuando las veía hartarse de comer castañas y otras delicias del bosque.

Cuando se perdieron no me preocupé en exceso. Con el vecino Marcos había aprendido que en el mundo rural dejas de preocuparte en exceso de los animales si de verdad quieres conciliar el sueño. Pasan tantas cosas que es imposible atenderlas a todas. Un día, muy serio, mientras me veía excesivamente preocupado por algún bicho que había desaparecido me dijo: “esa es su suerte”.

La suerte de los animales corre pareja a la nuestra. Semanas más tarde de perder a las cabras perdí el amor. Las cabras volvieron, el amor no. Algo paradójico pero como diría Marcos, “esa es mi suerte”. Supongo que yo mismo me lo busqué. El amor es algo bien frágil, algo que hay que atender con suma delicadeza y tacto y si dejas de hacerlo, aunque sea por un breve instante, desaparece.

Lo sorprendente de toda esta historia es que las cabras hayan podido sobrevivir de forma libre durante todo este tiempo. Incluso me siento algo extraño ya que como dice el refrán, las cabras siempre tiran al monte, y quizás ese sea su estado natural. Al traerlas de nuevo a esta pequeña granja cada día más llena de animales que nos hacen compañía me pregunto si dentro de su consciencia serán más o menos felices que en su aventura salvaje. Mi vivencia aquí en el bosque no deja de ser un estado salvaje del cual disfruto con respecto a mis congéneres y que no cambiaría por nada del mundo. Siento cierta frustración interior al pensar que quizás de alguna forma hemos coartado la libertad de las mismas. Es una sensación parecida a cuando pierdes un amor. Nunca sabes dónde está el punto de inflexión en el que es mejor dejarlo marchar. En unas semanas haremos de nuevo la prueba. Las volveremos a soltar y probaremos a ver qué pasa. Quizás decidan quedarse con nosotros y quizás eso sea una señal de que el amor a veces se pierde pero luego regresa de forma mágica y se instala en tu vida para siempre. Una especie de señuelo a la esperanza por eso de que si ha vuelto una y otra vez no tendría que ser esta la última.

Así que quedaremos esperando, respirando ese olor a paja mojada tan característico de este lugar. Seguiremos recogiendo huevos por las mañanas, susurrando a la yegua Rocío y observando plácidamente como las gallinas, ahora junto a conejos y cabras, siguen su vida natural en plena naturaleza. El amor volverá, estoy plenamente convencido. Sólo habrá que estar atento a las señales, a sus guiños, a sus formas. Y cuando se instale en nuestras vidas, mejor no estar distraídos para que no vuelva a desaparecer tan estúpidamente.

 

 

 

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