De locos y valientes. Peregrinos en soledad


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Cuando miras la temperatura de la caravana y ves que estás a menos dos o tres grados bajo cero algo interior se te eriza. Realmente, al menos por unos minutos, la sensación de frío se puede combatir a base de estufa de gas. Suele durar unos veinte minutos antes de que el piloto automático indique que la combustión ya no es correcta. Entonces se apaga y durante ese tiempo disfrutas de un calorcito agradable mientras ves nevar por la ventana. Luego toca ventilar el espacio durante otros diez minutos y vuelta a empezar. Por la noche eso no es posible, pero las sábanas y los pijamas de franela más la media docena de mantas hace que se sobreviva sin mayor percance.

Todo esto lo cuento porque esta mañana, cuando más frío hacía, apareció Peter, el peregrino que alguna vez ya había estado por aquí y que lleva siete años caminando. Dice que se levantó medio congelado y todo húmedo y que pensó en nosotros. Lo atendimos como pudimos. Le preparamos un buen plato de lentejas, se secó la ropa y le llenamos la mochila de algo de comida. Le di todo el dinero que tenía encima y nos pidió si podíamos acercarle a algún lugar sin nieve.

La verdad es que su testimonio es escalofriante. Vivía en una granja con más de cien hectáreas llena de prados, bosques y caballos. En la crisis el banco se quedó con ella y como no tenía donde ir empezó a caminar. Así lleva siete años, caminando, sin dinero, durmiendo en la calle y buscándose la vida como puede. Dice que así es feliz, que no necesita más que el calor de su perrito Arco y poco más.

Cogimos el coche y lo acerqué hasta cerca de Ponferrada, en un valle donde la nieve no había llegado. Por suerte las carreteras estaban limpias a pesar del espectáculo nevado y pude volver sin mayor problema. Le di un fuerte y sentido abrazo a Peter y su perrito. Lo dejé caminar para observar sus pasos solitarios por el valle. Sentí cierta ternura al mismo tiempo que vi en sus pasos un reflejo de mi propia soledad.

Cuando ya de vuelta entré en la caravana y vi la temperatura que había dentro respiré aliviado. Es cierto, hace frío, pero aquí tengo mi palacio, mis libros, mi fortaleza. Esta noche me acompañan Geo y Gaia (Meiga se ha quedado con Antonio en la casa) y podré leer algo antes de dormirme bajo las sábanas de franela (gracias Anita por tan gran regalo).

Peter dormirá bajo algún árbol, en su estrecha tienda agrietada. No quiso quedarse con nosotros. Prefiere caminar. Nuestros andares se cruzan de vez en cuando y es una alegría verlo de aquí para allá sin rumbo fijo en cualquier lugar del Camino de Santiago. Su hermana, que vive en la República Checa, dice que está loco. Le decía que muchos amigos opinaban lo mismo de nosotros. Pero en mi interior siento que ese grado de locura solo es posible con una gran dosis de valentía. ¿Cómo si no vivir en una tienda de campaña con la que está cayendo? ¿O en una caravana en mitad de un bosque? Sí, es posible que exista un grado de locura. Es como el Camino del Loco, ese insensato que se lanza a los caminos para hollar el sendero del alma. Sólo él puede entender y adivinar la grandeza de su caminar. En ese silencio, en esa soledad, se puede escuchar el susurro del universo entero.

Mientras le explicaba todo esto a Antonio hablábamos de las pocas posibilidades que teníamos de compartir esto con alguna pareja. Seguramente nos quedaremos solos en nuestra pequeña locura, en nuestra osada valentía. Al igual que en siete años nadie ha seguido los pasos de Peter, lo mismo ocurrirá en esta pequeña caravana, habitada posiblemente por libros, algún perro y las gatitas. De alguna forma estamos preparados. De alguna forma hemos aprendido el precio de ser peregrinos.

(Foto: segunda caravana a la derecha, mi casa, vuestra casa).

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3 thoughts on “De locos y valientes. Peregrinos en soledad

  1. Quien sabe que la locura, es el puente que separa,
    el murmullo de la paz, del ruido de la mentira,
    ya no ahelará jamas, los pasos de la cordura.
    su nostalgia, no es pasado, es espera,
    al igual que los inviernos en su áspera belleza,
    sabe que en el interior, todo lo que nos sobra,
    sólo es estorbo, de la primavera.

    Un saludo Javier , que el temporal os sea reconfortante en lo posible.

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  2. El mundo es muy grande y nuestras facultades son limitadas. Si toda nuestra felicidad depende de exclusivamente de nuestras circunstancias personales,lo más probable es que le pidamos a la vida más de lo que puede darnos.
    Nada como ser “felices”de algo que uno elige.
    Precioso el paisaje,a la vez que algo desolador… Cuidaros y arroparos con vuestro amor.

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