¿Somos coherentes?


 

a

Los hombres generosos y valientes tienen la mejor vida; no tienen ningún temor. Pero un cobarde le teme a todo. El avaro teme siempre a los regalos“. Hávamál, poema escandinavo.

Resulta difícil encontrar cierta sintonía entre lo que somos –el espacio del ser como una totalidad integrada-, lo que pensamos, lo que sentimos, lo que hablamos y lo que hacemos. Normalmente esta desalineación es producto de nuestras circunstancias personales, nuestros anhelos interiores y nuestras capacidades para llevarlos acabo en el entorno en el que estamos.

La coherencia total es una de las asignaturas más complejas a la que nos enfrentamos como individuos y sociedad. Lo vemos en las relaciones, en nuestras vidas diarias, en nuestras propias frustraciones. La explicación tiene que ver con esa pereza interior de afrontar el cambio que supone ser coherentes. Seguir los dictámenes de nuestro corazón siempre chocará frontalmente con la comodidad de nuestro espacio de seguridad, articulado por una mente que analiza cada riesgo, cada circunstancia como un posible escenario de pérdida. Nos cuesta comprender que la vida no es una balanza contable preestablecida, sino un campo multidimensional donde a veces la pérdida da como resultado una enorme ganancia.

Estamos acostumbrados a basar nuestra vida en valores materiales. Si pierdo una casa, si pierdo un trabajo o pierdo una relación mi vida será un fracaso. Sin embargo, si mirásemos la vida desde un escenario más flexible, pronto nos daríamos cuenta de que la casa, el trabajo o la pareja solo son circunstancias, no pilares fundamentales de nuestra existencia total. Una casa se puede convertir en una tumba en vida, un trabajo en una prisión y una pareja en un tormento desdichado. ¿Por qué no entonces modificar nuestros soportes vitales y analizar qué es lo que realmente queremos en nuestras vidas? Quizás nos demos de bruces con una realidad nueva, más vasta e insondable que hasta ahora había estado misteriosamente oculta ante nosotros. De repente nuestras perspectivas se pueden dilatar hasta el infinito, poniendo como único obstáculo nuestros miedos a navegar en ellas.

Si somos capaces de sonreír ante aquello que realmente nos hace felices, es posible que empecemos a dar nuestros primeros pasos hacia la plenitud y la coherencia. Es como si de repente pusiéramos al servicio de nuestra claridad interior todos nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras acciones y palabras, creando un entorno próspero y alegre preparado para afrontar cualquier cambio. Cuando lo hacemos nos volvemos más saludables, más alegres, más joviales, más alineados con la vida.

Por eso la incoherencia no tiene sentido excepto cuando entendemos que nace de la comodidad, de la ignorancia o del miedo. Ser incoherentes es nuestra propia incapacidad para alinear toda nuestra vida en un propósito interior claro y contundente, en un sueño, deseo o visión que nace de una dimensión que pudiera ser la suma de todas nuestras aparentemente separadas partes.

Si es así, y de repente descubrimos que la coherencia no es más que seguir nuestro propio camino, la vida no puede medirse entonces en el balance de la pérdida y la ganancia, porque a veces, perder todo el esfuerzo de una vida no es más que liberar fuerzas superiores que estaban esperando ese cambio para ponerse a nuestro servicio. Entonces ya no hay pérdida. Sólo una ganancia superior, enmarcada en un hilo de vida que nos conducirá irremediablemente a un estado de plenitud y felicidad verdadera.

(Foto de Anna O’Hara, valle de Louzara, Samos, Galicia).

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s