El camino iluminado de la creación


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Es apasionante conocer personas que hacen todo lo posible por poner en marcha sus proyectos. Esto siempre implica construir un puente indestructible entre el mundo de las ideas y la plasmación física de la misma. Implica necesariamente una intensa actividad mental, una gran capacidad de imaginar y visualizar nuestros proyectos, más ese penoso esfuerzo por reunir las fuerzas necesarias que harán una realidad el sueño perseguido.

A veces los proyectos personales son sencillos o están adaptados a la realidad inmediata. No requieren gran inventiva. Nos formamos desde la edad infantil para ir progresando más o menos en materias que nos aproximarán a la imitación de lo que vemos, de lo que han atesorado durante generaciones para nosotros. Seguramente, tras terminar nuestra formación, buscaremos un trabajo que se adapte a nuestras aspiraciones, las cuales, en la mayoría de los casos, no superan las expectativas de nuestros predecesores: tener un hogar y un marco de seguridad económica y social razonable.

Hay veces que todo eso falla, o que simplemente, todo eso no nos satisface. Es como si existiera un cortocircuito poderoso que nos impulsara a salir de esa tradición, de ese marco referencial al que nos habían acostumbrado. Olvidamos la creencia social de que debemos ser como el otro y aspirar a unos márgenes razonables de bienestar. Algo ocurre y abandonamos súbitamente ese marco de referencia para crear el nuestro propio, nuestra propia realidad.

De alguna forma pasamos de simples imitadores a poderosos creadores de realidades nuevas. Ya no deseamos estar anclados en ese marco de seguridad, ahora somos capaces de arriesgar todo nuestro mundo sostenible para crear algo nuevo, diferente, apasionante, arriesgado pero posible. Cuando llegas a esta conclusión, a esta poderosa verdad sobre la posibilidad de transformar nuestras vidas y volverlas más creativas, una fuerza extraña nos posee y nos empuja a realizar nuestros sueños.

¿Y qué es eso que nos ha arrastrado a ser diferentes, a buscar un marco de referencia anómalo, insólito y original? No es una vocación nacida de ninguna ambición, ni una necesidad de demostrar nada, ni siquiera una desesperada huida hacia delante, aunque estas cosas pudieran ocurrir en algún momento de nuestra apuesta. Lo que verdaderamente ocurre es un impulso que nace de dentro, de ese lugar que identificamos como alma, como llamada interior o como señal del corazón que nos mueve a conectar con otras fuerzas, con otras energías, con otras realidades capaces de cocrear cosas que faciliten y ayuden a un cambio de paradigma, a un entendimiento con la realidad diferente.

Esto que algunos llaman misión o propósito interior tiene mucho que ver con algo poderoso que aún no llegamos a entender del todo. Es complejo definirlo, intelectualizarlo, explicarlo, pero está ahí, y nos conmueve. Nos lanza a los vacíos existenciales que hacen de nuestras vidas una aventura incesante. Dejamos de ser esa copia inexacta para convertirnos en algo original, único, verdadero. Entonces la vida corre más deprisa, la sangre llega a todas las partes de nuestro cuerpo con esa vibración especial. Exhalamos vida por cada uno de nuestros poros y sentimos la necesidad de expresarla, compartirla, sentirla en su máximo esplendor. Hemos llegado al camino iluminado de la creación. Hemos llegado al centro de nosotros mismos. Ahora solo nos toca hacer una cosa: caminar, caminar, caminar. Entusiasmados, amables, expansivos.

 

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