Hacia la Sophia Perenne


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Quiero compartir hoy este texto de Aldous Huxley que me resulta revelador. Lo que dice es importante con respecto a la práctica, a la manera en la que debemos acercarnos a la Realidad Inherente en nosotros desde una estrecha y compleja experimentación. No basta con hablar sobre el mundo, la vida, la inteligencia. Hay que experimentarla, explorarla, sentirla, descubrirla. Hay que abrazar al amante y experimentar con su carne, su aliento y su emoción, y no huir de su lado. De igual forma hay que experimentar la vida: abrazándola, penetrando todos sus misterios, respirando su aliento. Sin miedo, sin temor a la pérdida o al daño. Hay que estar en la vida como se está en el corazón del otro.

Cuando me preguntan porqué vivo en los bosques, en esta pequeña caravana perdida en la nada, siempre digo lo mismo: estoy experimentando la vida, explorando su significado profundo. Aquí no puedes escapar a su inherente realidad. Aquí no hay confusión, ni excusa para apartarte de la existencia. No hay distracciones que puedan convertirte en un zombi viviente. El hilo de vida y consciencia crece por todas partes y te vuelves inevitablemente un amante de sensaciones, un ser vivo con todas sus consecuencias.

Si cuando divisas una nube te conviertes en nube, si cuando el colibrí vuela te conviertes en pájaro, si cuando la lombriz bucea en la tierra húmeda y caliente te vuelves un gusano, no tienes más remedio que interrogarte sobre la ternura del misterio, sobre la inevitable manifestación de la existencia. No hay más excusa entonces para seguir adelante, pero desde ese vértigo que te otorga el no tener miedo. Ahora sí, puedes saltar a cualquier vacío y dejar el misterio te atrape.

La Filosofía Perenne se ocupa principalmente de la Realidad una, divina, inherente al múltiple mundo de las cosas, vidas y mentes. Pero la naturaleza de esta Realidad es tal que no puede ser directa e inmediatamente aprehendida sino por aquellos que han decidido cumplir ciertas condiciones haciéndose amantes, puros de corazón y pobres de espíritu. ¿Por qué ha de ser así? No lo sabemos. Es uno de esos hechos que hay que aceptar, gústenos o no, y por implausibles e improbables que parezcan. Nada, en nuestra experiencia diaria, nos da razón alguna para suponer que el agua está compuesta de hidrógeno y oxígeno; sin embargo, cuando sometemos el agua a cierto tratamiento harto duro, se pone de manifiesto el carácter de sus elementos constitutivos. Análogamente, nada, en nuestra experiencia diaria, nos da mucha razón de suponer que la mente del hombre sensual medio posea, como uno de sus ingredientes, algo que se parezca a la Realidad inherente al múltiple mundo o que sea idéntico a ella; sin embargo, cuando esa mente es sometida a cierto tratamiento harto duro, el divino elemento, de que, por lo menos en parte, está compuesta, se pone de manifiesto, no sólo para la mente misma sino también, por su reflejo en la conducta externa, para otras mentes. Sólo haciendo experimentos físicos podemos descubrir la naturaleza íntima de la materia y su poder latente. Y sólo haciendo experimentos psicológicos y morales podemos descubrir la naturaleza íntima del espíritu y su poder latente. En las circunstancias ordinarias de la vida sensual media, este poder continúa latente, no manifestado. Si queremos despertarlo, debemos cumplir ciertas condiciones y obedecer a ciertas reglas, cuya validez ha demostrado empíricamente la experiencia“.

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