Querido Ego, te amo


 

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Alguien muy sabio dijo que teníamos que amar a nuestros enemigos. Y de todos ellos, el peor enemigo es nuestro propio ego. Es algo que tardé en entender. Me refiero a lo de amar a los enemigos y también me refiero a eso de que nosotros seamos nuestro peor enemigo. Primero porque es difícil amar. Casi nadie nos enseña a hacerlo y cuando crees que has alcanzado cierto grado de madurez en cuanto al amor, te das cuenta de que el mismo se escurre entre las manos. Creemos que amamos, pero resulta difícil hacerlo.

De igual modo, resulta difícil conocer al ego. O lo que es lo mismo, adentrarnos en los espacios infinitos del Templo de Delfos para conocernos a nosotros mismos. Me encanta esa sentencia rotunda de Nietzsche cuando decía eso de “no nos conocemos a nosotros mismos, nosotros los conocedores”. Por eso, la doble causa de amar a nuestros enemigos y amarnos de paso a nosotros mismos, es decir, a nuestro ego escurridizo y oscuro parece misión imposible.

Aún así debemos intentarlo. Debemos abrazar nuestra imperfección, nuestros bajos deseos, nuestras carencias materiales, nuestras enfermedades vitales y existenciales. Debemos sostener con impasividad y sosiego nuestros delirios, nuestras pasiones infernales, nuestras máscaras continuas, nuestros egoísmos y otras enfermedades del alma. También nuestra crítica a todo lo que se nos acerque, nuestra forma de dividir y clasificarlo todo. Debemos enfrentarnos a esa manía nuestra de mentir, de mentirnos, de ocultar, de encerrarnos, de vacilar ante todo, de despreciarlo todo, de no asumir nuestra humana y mezquina condición.

Ya no me ofende cuando alguien insulta a mi ego, o me dice que tengo mucho ego o pretende identificar algún error, imperfección o tara de mi ser encarnado. No me importa, de verdad, porque sé que quien dice eso no eres tú, sino tu otro ego, el divisor, el clasificador, el oscuro. Al que de paso también me esfuerzo en amar porque en el fondo, el ego es como ese niño que nace enfermo y necesita de un exceso de cuidados. Es esa parte nuestra que nos ayuda a vivir en esta dimensión humana y nos protege, como la capa de ozono, de un exceso de luz. Por eso debemos cuidarlo y abrazarlo, debemos sanar sus heridas para que cada día más se parezca a nosotros, me refiero a nuestro ser encarnado, a nuestra esencia primera.

Nuestra misión es amar al ego para apreciar ese amor hacia el otro, los otros. Para bucear más tarde en la esencia que encumbra las máscaras y dedicar tiempo y recursos a ahondar en el ser, en la chispa que nos da vida y consciencia. Descubro que cuando soy capaz de mirar al otro desde su esencia, una fuente de amor brota desde dentro y se expande. Cuando miro al otro desde el ego, solo nace de mí cierto grado inequívoco de mezquindad.

Por eso querido ego, ahora que estás tan de moda, ahora que te han descubierto y desean aborrecerte como si fueras un auténtico jinete del apocalipsis, te abrazo con ternura, te respeto y te amo. Sé que lo que haces es fruto del miedo que todo lo paraliza y divide. Sé que tus errores, que tus temores, no son más que producto de ese vacío que se siente cuando sabes que vas a morir como entidad finita. Y tú, querido ego, tarde o temprano lo harás. Dejarás de ser lo que eres para dar paso a la esencia infinita que te da vida. Por eso te amo, porque sé de tu fragilidad.

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2 thoughts on “Querido Ego, te amo

  1. El ego no es nuestro enemigo, confundimos su programa con él. El ego forma parte de nuestra conciencia y por lo tanto es como ésta: inmortal. Cuando lo comprendemos, desde la mente y el corazón, no tenemos que hacer esfuerzos para amarlo.

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