Encuentros eleusinos


A

Debo admitir que el experimento de los encuentros reales con personas de carne y hueso han sido todo un éxito. No han sido encuentros elitistas, especiales, exclusivos. La puerta estaba abierta y hemos entrado por ella sin prejuicios, cargados de tolerancia y amor hacia el otro, sin juzgarlo, sin mirar si era pobre o rico, mujer u hombre, anciano o joven. Hemos disfrutado del talento de sentirnos seres normales, con nuestra carga emotiva, con nuestra discursiva vida y experiencia, con nuestras manías y pensamientos. Lo más hermoso, lo más impresionante es que frente al otro hemos sabido ver al ser que habitamos, al invisible dueño de nuestras vidas. Por eso nos hemos desnudado sin temor al qué dirán, sin temor a lo que el otro pudiera pensar de nosotros, abrazando con amor la diferencia.

Me siento afortunado por esa libertad de no juzgar. Te permite estar con ladrones, prostitutas, con seres que para algunos podrían ser despreciables, auténticos monstruos. No ha sido eso lo que veía en el otro. Sólo veía humanidad en un mundo demasiado fugaz, en una cultura donde lo único que sirve es la rapidez de lo inmediato.

No he querido huir de la belleza. La he buscado incansablemente. Y la podía ver en esa generosidad de cualquier acto pequeño, en esa bondadosa capacidad para transmitir algo del nosotros. En un mundo que está siendo educado en la barbarie, no tenemos más que poner la tele y observar de qué nos alimentamos diariamente, descubrimos la necesidad de volver la mirada hacia dentro, de redescubrirnos como seres cargados de consciencia, de bondad, de amor. Pero sobre todo, tenemos que volver a mirar al otro de frente, tocarle, abrazarle, besarlo, apretar su pucho contra nuestro pecho.

Si juzgamos a la gente no tenemos tiempo para amarla. Seamos amables con el otro, intentemos descifrar y comprender su gran batalla. El yo divide, es su esencia, todo está bien o mal, todo es luz u oscuridad. Pero cuando vives en completa comunión con el otro, con la vida, con tu ser, descubres que la esencia nos une. Nuestros puntos ciegos empiezan a desaparecer y renace la unidad esencial de todas las cosas.

Por eso cuando alguien me pregunta con cierta extrañeza porqué me mezclo con tal o cual persona, con aquel o con aquel otro como si eso fuera algo terrible recuerdo aquella hermosa y profunda frase: “dejad que los niños se acerquen a mí”. Solo desde esa inocencia puedes vivir experiencias únicas, verdaderas, reconciliadoras. Sólo cuando nos quitamos los prejuicios sobre los otros y nos reconciliamos con nuestra parte ciega logramos vivir una vida plena e intensa. Sólo debemos pensar eso: somos vida. Solo debemos convencernos de que además, la vida no nos pertenece. Es algo prestado, algo que está en todas partes, también en nosotros. Esa es nuestra verdadera identidad, y por lo tanto, desde esa dimensión, desde ese descubrimiento, podemos reconciliarnos con la existencia, con el otro, con nosotros.

Ahí está el Misterio. Renace, se encarna, nos interroga. Gracias al Misterio, al continuo deambular de la duda, podemos entender que las cosas sencillas son las que mejor nos conducen al nosotros. La gran comunión, como dice el amigo Koldo, solo es posible ante el contacto real de seres humanos libres y vivos, consecuentes con las diferencias, capaces de amar y ser amados, capaces de tocarse sin juicio. Debemos reencantar a mundo, debemos volver a la magia del encuentro. Toquemos la flauta y bailemos esa música.

(Foto: perdonad que en esta serie de relatos haya aparecido excesivamente mi rostro. Sólo quería mostrar nuestra cara humana, compartir con vosotros momentos de carne y hueso. Aquí, con los amigos Ramiro Calle y Fernando Sánchez Dragó en los encuentros eleusinos).

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2 thoughts on “Encuentros eleusinos

  1. No me sorprende, estaría bueno, verte con Ramiro Calle o con Sánchez Dragó, sino todo lo contrario, y me encanta tener amigos peculiares que tienen amigos peculiares.
    Me llama la atención verte en un entorno en el que se habla expresamente de lo esotérico. Siempre me da la impresión de que estás por encima porque has llegado a la simplicidad.
    Yo en cambio habría entregado al empeño mis arras matrimoniales por asistir a un encuentro así. 🙂

    Abrazos en la niebla 🙂

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