Sabor de amor


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Con sus casi ochenta y cinco años fue despacio, muy despacio, hasta el café de la Luz. Preguntó por mi, pero nadie me conocía por ese nombre. Aunque aquella había sido casi una segunda casa, nunca tuve la apertura suficiente como para presentarme. Su marido Gregorio, con noventa y dos años también estuvo allí. Me pregunto qué hubiera ocurrido si nos hubiéramos cruzado.

Pero era hoy y no ayer cuando iba al café de la Luz, donde me esperaba mi querida Laura, mi hada madrina, mi ángel guardián en estos años locos de aventuras y desventuras. Es tanto el cariño y la estima que le tengo que el verla es como una especie de calmante para el alma. Saber que existen personas puras en las que podrías confiar toda una vida te llena el alma, te rebosa de emoción y alegría. Existen personas así, y merece la pena conservarlas como auténticos tesoros, como regalos que la vida te da en el momento más oportuno. Los ángeles son generosos, amables, sonrientes, alegres. Te tratan siempre con cariño, complicidad y respeto. Laura es un ángel.

Luego me fui corriendo hacia la otra punta de Madrid. Allí me esperaba un misterioso personaje cuya sombra nunca logro alcanzar, cuyo secreto nunca resuelvo. Es casi invisible, volátil, extraterrestre. Comimos en silencio algo ligero. Apenas hablamos porque entre nosotros no caben mayores cuestiones. Solo observamos, sigilosamente, el paso de la vida. Y aprendemos sobre la tolerancia, el respeto, la admiración del otro.

A las cuatro tenía una cita importante. Elvira me esperaba en su casa. Sentía cierto nerviosismo no solo por mi timidez, sino porque no todos los días tienes la oportunidad de conocer a alguien de anciana edad que lleva años leyendo tu blog. Sentía respeto y una alegría profunda a la vez. Aunque ayer no me encontró en el café de la Luz de alguna forma pudo contactarme por mail y acudí a su encuentro. Cuando la vi en el portal de su casa nos fundimos en un sentido y profundo abrazo. Tardaré mucho tiempo en olvidar ese momento tan cargado de amor y ternura. Entré en su casa y saludé a su marido Gregorio. Me impresionó la hermosura de sus ojos, la belleza de sus gestos bondadosos y amables. Empezamos a hablar intensamente y Elvira me enamoró. Por fin había encontrado a alguien que podía entenderme, que podía comprender todo cuanto he vivido. Abrió su corazón y me contó su historia de vida. Con sumo respeto y admiración la escuchaba, la atendía, la abrazaba con la mirada. Dos almas que se encuentran, se reconocen, se aman en ese silencio, en esa corta distancia de la palabra, del momento, de la ensoñación de poder sentirnos y expresarnos libremente aún sin conocernos. Siento tanto agradecimiento, siento tanto amor por esos seres que no conoces y que de repente abren su corazón y su vida. Gracias querida Elvira por tu aura bella, cargada de misterio y de plenitud. Gracias por darnos la oportunidad de compartir ese instante único.

De allí me fui hasta la plaza del Sol. Estaba radiante y feliz por el encuentro con Elvira y llegué puntual a la cita con la bella Jessica. Nos fuimos cogidos de la mano hablando sobre el Misterio, sobre la Palabra Perdida, sobre Su Gloria, hasta una hermosa iglesia donde nos esperaba nuestro querido Ilia, poeta y profesor, misterioso personaje de otra época, sabio, maestro, genio y figura. Estuvimos con su grupo de meditación, de conocimiento compartiendo algo sobre la luz. Un momento inolvidable cargado de poesía, música y belleza. Un punto de luz en una Madrid cada vez más necesitada de claridad. Tras terminar allí nos marchamos. Jessica compartía su entusiasmo por la vida, su necesidad de entender y comprender el Misterio desde una sensibilidad especial. Me entregué a ella en ese paseo que siempre se queda corto, donde siempre deseas más. Descubrimos en la belleza del encuentro humano el poder de la oración compartida, la sutileza del encuentro, del contacto, del amor. Puedo decir que amo a Jessica, aunque tan solo la haya visto media docena de veces. Puedo decir que hay personas que han nacido para ser amadas solo por su mágica presencia. Profundamente amadas. Gracias, gracias, gracias. Bonita idea esto de los encuentros en tercera fase.

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