De esas extrañas noches…


 

a

Es tarde, lo sé. Pero a pesar de la grata compañía de la gata Gaia que duerme en mis pies y de la yegua Rocío, cuyo aliento aprecio detrás de mi ventana, he sentido cierta nostalgia, cierto sentimiento de soledad. Esta vez no era una soledad referente a tener o no tener compañía. Esa soledad siempre me acompaña, al menos siempre que estoy solo, como ahora. Pero la de hoy se sumaba a la primera con cierta emoción helada. Quizás porque no había lluvia y el viento casi no reclamaba atención. Hay algo en la atmósfera de este invierno que rezuma desierto, un halo yermo, iracundo, ausente. Lo cierto es que en la soledad de los bosques todo se amplifica. También las emociones.

Sé que estos momentos de intimidad son únicos. La caravana es un espacio lo suficientemente pequeño para no perderte en sus detalles. Centra tu atención en las ventanas, en el paisaje salvaje que hay detrás. Ya no me da miedo la idea de que cualquiera podría entrar en algún momento por su puerta. Vivir sin llaves, sin cerrojos en mitad del bosque ya no es algo que me atemorice. La sensación de estar expuesto a los peligros de la vida de alguna forma me hace fuerte. Todas estas noches han sido tranquilas. Es posible que en unas horas algún ruido extraño me despierte, o alguna sensación o necesidad por salir afuera, en la noche helada, con ese pijama de franela que me acompaña desde hace años. La noche tiene sus derivas. Puedo sentir cada aleteo, cada sueño inacabado. Es como si los seres que habitan en la oscuridad susurraran algún tipo de canción extraña, pero audible desde la soledad.

Pensaba que si escribía algunas letras, que si acompañaba a la noche con alguna emoción, esa soledad se difuminaría. Luego me acordé de la necesidad humana de estar en compañía por más que muchos esquivemos las relaciones pensando que solos seremos más felices. El tiempo te demuestra que la soledad puede ser un pretexto, un achaque de la edad, pero no algo con lo que deseamos convivir. Especialmente cuando la otra soledad, la inevitable, se apodera de nuestras vidas, te abandona al abismo de los acontecimientos que no puedes dominar y a veces, incluso a veces, te desprecia insolentemente, aludiendo la responsabilidad de servir a algún propósito. Un abrazo a veces puede salvar almas. Los cuerpos se desvían, se marchitan, pero las almas necesitan ser abrazadas.

Hoy le decía a alguien que si tuviera la casa en orden, si todo lo referente a los errores pasados hubieran sido ya amortizados, sentiría aún una libertad mayor. Quizás cogería algún camino, alguna vereda, y marcharía al encuentro de la sorpresa, de alguna de esas aventuras inacabadas que te recuerdan la urgencia de vivir. Pero el silencio de esta noche centra la atención en la insurgencia de las cadenas que siguen atándonos a circunstancias extrañas. Es como si un velo cegara la posibilidad. Como si una fuerza extraña me atara a este momento.

He pensado que quizás mañana vaya a comprar una de esas bolas que huelen a alcanfor. Sé que ese olor me transportará a una complicidad única, a un abrazo inolvidable, a un trozo de vida inacabado, incompleto, falto de un camino que nunca llegó a consumarse. Me da pena que el recuerdo de un olor pueda ofrecer aquello que la vida te arrebató. Pero los seres humanos somos así. Preferimos vivir de recuerdos o de esperanzas y despreciar al mismo tiempo todo lo que la luz te acerca.

También he pensado que esta soledad no debería ser rellenada con ficciones, ni tampoco con cualquier derivado o facsímil. Mejor seguir buceando en lo auténtico. Esperar la sorpresa, el amanecer, los tímidos rayos invernales que mañana volverán a resplandecer por la ventana de la ermita, mientras meditamos e intentamos conectar con la vida.

Es posible que esta noche sea diferente. No me importa. Solo observo, contemplo las grietas, invento alguna historia para bucear hacia los sueños y ver como se acomodan a la insatisfacción. El mundo onírico rezuma complacencia, y estoy convencido que en alguna parte rozará otra emoción. Será entonces cuando despierte y vea el bosque y las montañas y las nubes de una perspectiva mayor, desde un vacío inexpugnable. Estaré atento. Buenas noches.

Anuncios

One thought on “De esas extrañas noches…

  1. La soledad no sólo se siente cuando estás sin compañía. Hay una soledad fría, húmeda e inhóspita que te hace sentir desorientada y con la extraña sensación de no pertenencia. Un saludo cálido.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s