Cuando la muerte nos sorprende


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Hace no mucho llegó una mujer a nuestra casa. Tenía un aspecto cansado y venía aconsejada por un amigo sacerdote de Madrid. Se pasó toda la mañana durmiendo y al despertar, tras comer algo y compartir una intensa charla nos pidió si le podíamos acompañar a la estación de autobuses para volver a su casa. Como no tenía dinero le compramos el billete y la acompañamos hasta la estación. Antes de marcharse nos contó su historia. Algunos intentos de suicidio fallidos y el último recientemente en el Retiro de Madrid, donde algo, de nuevo falló, la sangre no corrió lo suficiente e hizo que permaneciera entre nosotros un tiempo más. Quisimos profundizar sobre su deseo de muerte y tuvimos una charla intensa sobre todo lo ocurrido. Una mujer sola tras varios divorcios, con un hijo que la odiaba, con deudas que le asfixiaban y un futuro desesperante. Sentimos una gran impotencia ante el panorama, un gran dolor ante esa crisis humana a la que nunca sabemos como enfrentarnos. En ese momento sentimos que aquel lugar debía ofrecer consuelo, que nosotros debíamos poder dedicarle todo el tiempo del mundo para estar con ella. Hubiéramos deseado que la casa alcanzara ciertos mínimos, con un poco de comodidad, con al menos una ducha y un servicio para que esa mujer hubiera sentido cierto consuelo y alivio entre nosotros más allá de aquel plato de comida y aquella acogida humana. Haber dispuesto de más recursos para ayudarla y acompañarla en todo en un momento extremadamente difícil.

Hace unos días nos vino a visitar la Guardia Civil por la desaparición de una mujer que habíamos conocido en el monasterio. Hacía tan solo tres meses que había muerto su marido y decidió retirarse un tiempo, refugiándose en la soledad de la vida contemplativa y el alcohol para remediar su intenso dolor. La tristeza por la pérdida de su pareja la consumió hasta el punto de que ayer mismo la encontraron muerta, acurrucada en el portal de una casa abandonada, con una sonrisa a punto de estallar, mitad desesperación, mitad viaje hacia la nada. Una imagen de una muerte incomprensible e innecesaria que deja un dolor insoportable a una hija abandonada. Nadie pudo hacer nada por ella. Murió sola, murió asfixiada por una vida que se le presentaba insoportable.

Es difícil digerir estas escenas, y más difícil aún el pensar y razonar porqué a veces la vida nos consume hasta el punto de querer dejar de abrazarla. Todos hemos vivido momentos complejos, indeseables, difíciles, y todos alguna vez hemos deseado morir como única salida posible a un dolor insoportable. Pero la experiencia también nos dice que siempre merece la pena resistir, agarrarnos con fuerza al hilo de vida y esperar pacientes a que pase la mala racha, a que sucedan acontecimientos que nos llenen de nuevo de vida y esperanza, que nos llenen de amor y reconciliación con todo.

Cuando pensamos en estas dos personas que tanto sufrimiento han arrastrado, nos interrogamos sobre todos los que están pasando por un momento terrible y no desean otra cosa que morir. Nos preguntamos cuantas personas anónimas habrá ahora en este instante cuya única esperanza y salida sea el final. También nos preguntamos en cuantos ángeles anónimos habrá en el mundo que tienden una mano, intuyan lo que pasa y rescaten de ese abismo a esa desesperada alma. No siempre el miedo nos vence. No siempre la oscuridad puede con nosotros.

Después de lo pasado solo nos queda estar aún más atentos. Es posible que la desesperación llame muchas más veces a nuestra casa, y quizás una simple sonrisa pueda salvarles del abismo. A veces no somos conscientes de lo que un plato de comida caliente, un abrazo y la sola compañía pueden obrar en el otro. A veces se nos escapa que el amor puede vencer siempre al miedo.

Descanse en paz.

(Foto: atardecer en O Couso, de Helena S.)

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3 thoughts on “Cuando la muerte nos sorprende

  1. Es triste reconocer la desesperación en nuestras vidas, ver como nos amarra haciéndonos sentir perdidos…y sin embargo de esos momentos somos capaces de renacer con mas brillo.. Tenéis un gran corazón y todas la buenas intenciones, pero yo creo q cada quien tiene su camino, y esa pequeñas chispa ha de surgir de dentro de cada uno…

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  2. ES un tema duro y triste, muy triste. Pero, quizá, sería bueno que aprendiéramos a respetar las decisiones de los que quieren marcharse, aunque aquí dejen tanto desasosiego, dolor y tristeza profunda.

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  3. El amor .”no siempre” hace posible lo imposible.
    La mujer en vosotros encontró el amor,estoy segura. La realidad de sus circunstancias no le dejaron vencer el miedo.

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