¿Qué hacemos ante el futuro incierto?


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Según los datos más optimistas, se prevé un aumento de la temperatura global de un grado centígrado para el 2020 y de dos grados para el 2050. El cambio climático por efecto directo de la actuación del ser humano es ya un hecho probado y aceptado por la comunidad internacional.

El crecimiento de la población mundial en la segunda mitad del siglo XX fue de aproximadamente un 141%, lo cual nos situó en siete millones de habitantes en el 2011. La población mundial, que actualmente cuenta con unos 7.349 millones de habitantes, alcanzará los 8.501 millones en 2030 y los 9.725 millones en 2050, superando para el 2100 los 11.213 millones según el informe “Revisión de las Perspectivas de Población Mundial” de las Naciones Unidas.

La superpoblación proviene de la superación por una especie animal de los límites de sostenibilidad del biotopo que habita. De alguna forma, el ser humano se está convirtiendo en una especie de plaga para el planeta. El Movimiento por la Extinción Humana Voluntaria (en inglés Voluntary Human Extinction Movement o VHEMT, en sus siglas en inglés) hace un llamado para abstenerse de la reproducción y causar así la extinción gradual y voluntaria de la humanidad. Otros movimientos como el Population Matters (Cuestiones Demográficas o Asuntos de Población), anteriormente conocido como el Optimum Population Trust (OPT, Organización para la población óptima), es una asociación que promueve la reflexión sobre el impacto del crecimiento de la población en el medio ambiente, indicando que la población óptima mundial estaría entre 2.700 a 5.100 millones de habitantes.

Este contexto mundial es un caldo de cultivo perfecto para que alarmistas de toda índole, movimientos milenaristas y activistas de todas las esferas, inclusive la económica, se hayan puesto manos a la obra para intentar, al menos paliar, las causas de esta aparente irreversible situación. La crisis de valores y el colapso del modelo actual han provocado la creación de experimentos alternativos que han crecido a medida que la demanda de un nuevo modelo ético iba aumentando. Sin duda, uno de los modelos alternativos más demandados ha sido el de las comunidades utópicas, un movimiento global que pretende transformar la sociedad humana desde la práctica diaria.

Realmente no sabemos qué va a ocurrir en los próximos veinte años. Quizás estemos a las puertas de una revolución tecnológica que mejore radicalmente todo el gris panorama que se nos presenta. Mientras eso ocurre, resulta imprescindible una nueva pedagogía, una provocación, un aumento de la alarma social para que tomemos consciencia de algo complejo y difícil para todos. Debemos concienciarnos unos a otros sobre nuestro comportamiento diario, sobre nuestros hábitos más elementales. La comida, el consumismo, la necesidad de crecimiento. Son cuestiones básicas y fundamentales que deberíamos considerar todos los días. Sólo cambiando nuestro paradigma personal podremos albergar alguna esperanza futura.

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