Aceptando la realidad


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“Someterte al qué dirán es una forma de esclavitud socialmente aceptada”. Walter Riso

Ayer fui al cine con botas de agua y con la indumentaria que suelo usar para trabajar aquí en el bosque. Nunca me doy cuenta de las pintas que llevo hasta que el mundo civilizado empieza a mirarme con cierta desconfianza o curiosidad. La cara de muchos es un poema. Realmente es algo que no me molesta. Me siento bien con esta despreocupación sobre el qué dirán, sobre el cómo debo vestir, sobre si un color pega más que el otro o una camisa conjuga bien con un pantalón. No sé si pertenezco a algún tipo de moda que pueda ser catalogada o simplemente soy un dejado, un egoísta que no piensa en la paz y tranquilidad del otro, o en el necesario decoro, equilibrio y armonía necesarias para mostrarse en sociedad. En todo caso, en mí prevalece la higiene sobre la moda, y no dispongo de mucho tiempo al día para remilgos o cursilerías. Ya no recuerdo la última vez que me puse un perfume ni la última vez que planché alguna camisa. La apariencia, que es algo importante para conservar cierto estatus dentro del mundo del decoro, es algo que dejó de importarme en la montaña.

Algunos pensarán que con toda la que está cayendo ya podría estar hablando de política, de nacionalismos, de derechos a decidir y toda esa milonga que ahora parece ser tan importante para muchos. Realmente, de forma muy sutil, lo estoy haciendo en cada escrito. Es tan sutil que la mofa solo perturba al más ágil. Cuando vives anclado y sujeto a las leyes del sistema no tienes más remedio que poner cara de preocupación ante la que se avecina. Pero aquí en el bosque el sistema casi no llega. Los tentáculos del estado, de las ideologías, de los nacionalismos, de las mentiras, de las fronteras, de las razas, de los estatus, de las leyes, de las modas… Todo eso queda aparcado a tres kilómetros hacia abajo por la ladera. Entre castaños y prados la única ley, la única ideología que nos vale es la del sol, la lluvia, el viento, los ciclos, la naturaleza, el agua, la tierra. A la yegua Rocío no le importa si hoy visto de azul índigo o de violeta merengado o de si soy de izquierdas o de derechas. Le basta con un saludo de buenos días y un abrazo mañanero. Lo mismo le ocurre a las gatas y al perro Geo, al cual le encanta que lleve botas de agua porque eso es sinónimo de largo paseo por prados encharcados y ríos bravos.

Ayer fui al cine porque quería celebrar un mes de silencio. No el mío que de por sí ya es recurrente, sino el de una persona que necesitaba respirar lejos de mí y que de repente desapareció del mapa, como si la tierra se la hubiera tragado. La celebración tenía que ver con cierta toma de realidad por mi parte. Por apagar de alguna forma eso que llaman el hilo de esperanza y retomar las riendas de lo que existe, de lo visible, de lo tangible, de lo que se puede tocar de verdad.

Andaba en esa reflexión cuando recibí el cálido mail de una amiga que me preguntaba sobre el miedo. “¡Ay!” Pensé, yo soy especialista en miedos. Quizás por eso sentí con cierto alivio que esa fragilidad del momento era mucho más real que todo lo demás. Y que por lo tanto, lo más sensato sería olvidarme de la gente que mira mis botas de agua con cierto desconcierto y abrazar la posibilidad de aquellos que me ven como soy, me aceptan y me abrazan de igual forma. Es decir, de aquellos que comprenden y respetan que ando liado en un bosque, lejos del sistema, vestido y preparado para la vida salvaje, pero con pocas ganas de andar discutiendo sobre si las botas me quedan bien o mal o sobre si es necesario ser de una u otra forma. Aquí, ante la intensa lluvia, no me queda otra que aceptar la realidad envolvente, y de paso, aceptarme a mí mismo y a los demás tal y como son.

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2 thoughts on “Aceptando la realidad

  1. Hace tiempo que no leía tus publicaciones. Me alegro de haberlo hecho hoy. Aceptar la realidad y aceptar a las demás personas es ya una gran tarea para con uno mismo. Todo tiene un para qué y eso es lo que me pregunto a cada rato. Confío en que lo que ocurre es lo más apropiado, aunque en ese momento lo desconozca.
    Viste como quieras, pero abrígate que por esos lares hace mucho frío. Un abrazo.

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