No tengas miedo


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De pequeñito me daba miedo casi todo. Me pasaba todo el día llorando. Cualquier sombra, cualquier ruido, mi imaginación lo transformaba en terribles bestias de la noche. No soportaba la soledad, pero tampoco la compañía. Si alguien me hablaba en un tono no muy apropiado, saltaban las lágrimas. Si salía a la calle, todo me temblaba. Mi primer día de colegio, y los sucesivos durante mucho tiempo, se convirtieron en una pesadilla. Tuve miedo a todo. A las relaciones, a la gente, a los amigos, a los animales, a la vida. Tuve miedo a las parejas, al sexo, a los compromisos, a tener familia, hijos, dinero, éxito.

Por miedo desaparecía en las fiestas, en los cumpleaños, en las clases, en las citas con chicas que me gustaban, en las competiciones, en los juegos. Tenía miedo a ir al cine, meterme en el metro, hablar con desconocidos. Tenía miedo a ganar y a perder, miedo a la recompensa y a la pérdida. Veía un precipicio y me aterraba, veía una altura y temblaba. Cualquier valla era algo inalcanzable. Las normas me daban miedo, la autoridad me daba miedo, hasta la comida, por temor a hacer daño a la vaca, el pollo o el pescado. Hasta las miradas, por miedo a que vieran mi tembloroso interior.

Un día alguien me dio la mano, me miró a los ojos y me dijo: no tengas miedo. Nunca tendré palabras suficientes de agradecimiento para esa mano tendida. De repente sentí que podía hacer cosas inimaginables, como si algo me levantara, como si una fuerza diferente naciera de mí. Hasta ese momento no me di cuenta de todo lo que el miedo me había imposibilitado. De todo lo que el miedo me había paralizado. Por miedo había dejado de vivir, de sentir, de soñar, de besar, de abrazar, de reír. Pero aquel día me levanté, y empecé a hacer cosas que jamás hubiera soñado poder haber hecho.

Perdí el miedo a las alturas haciendo parapente. De repente me vi volando entre montañas y nubes y pensé que la vida era mucho más grande de lo que había imaginado. Empecé a salir con chicas, a besarlas, a desnudarme ante ellas. Hice un viaje de seis mil kilómetros en coche solo para besar un amor. Empecé a tener dinero y propiedades y carreras y estudios y dejé de tener miedo a perder. Empecé a dejar de tener miedo a comunicarme y di mis primeras clases en un instituto y en una universidad como profesor. Escribí mis primeros libros, di mis primeras conferencias, las primeras palabras en la radio, en entrevistas, sin miedo. Empecé a viajar y perdí el miedo a la noche, a la oscura noche del alma, empecé a sentir que perdía el miedo a la libertad, al misterio, al espíritu, a los tiempos, a despertar.

Dejé de votar siempre al mismo partido. Incluso dejé de militar siempre en el mismo ideario. Dejé mi barrio, mi ciudad, mi familia, mi trabajo. Rompí las cadenas de mis emociones, de mis pensamientos, de mi propia construcción filosófica de la vida. Perdí el miedo a mí mismo, a la victoria y a la derrota, a la humillación y a las cadenas que nos atan a casi todo. Entonces perdí la casa, el dinero, las riquezas, el prestigio. Lo perdí todo una y otra vez, una y otra vez, hasta verme sin nada.

Un día incluso conocí a un ser extraordinario y perdí el miedo a tener hijos, a formar una familia. Ese día, por primera vez, sentí una liberación, sentí el tributo a la vida en toda su más impresionante expresión. Sentí un agradecimiento y una regeneración interior. Pero ese día, tristemente, me quedé solo. Fue entonces cuando también le perdí el miedo a la soledad, al vacío, a la tristeza.

(Fotografía: © David Keochkerian photographie)

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5 thoughts on “No tengas miedo

  1. El miedo cuando se hace gigante es mal acompañante. Yo también tengo muchos miedos. Los observo. Les digo que vale, pero que adiós y así van y vienen a mí. Si soy sincera, temo más por los demás que por mí. Aunque, en realidad, eso es miedo a que me falten, a sufrir por ellos. Gracias por tu relato.

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  2. hoy han venido a poner veneno para ratas en la comunidad donde vivo, porque hay madrigueras y me dan ataques de pánico, y al leerte se disuelve el miedo…hoy espero dormir como dios manda, por cierto , puede parecer un atrevimiento por mi parte, pero decirte que estás invitado a “mi casa”, te lo digo en serio.
    Me encanta leerte
    un beso

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