El espíritu ascendente


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La vida siempre es una encrucijada. Allí se encuentran caminos dispares que condicionan todo cuanto haces, piensas y sientes. A veces esos caminos se desvelan ante ti como una llama clara. Otras aparecen entre tinieblas, con señales vagas y carentes de sentido. Sea como sea, siempre están ahí, esperando la elección.

Cuando las cosas no están claras, cuando se presenta un camino confuso, lo mejor es retirarse, respirar, estar a solas. Si hay algo o alguien que en vez de felicidad te aporta dolor de estómago, es evidente que ese no es el camino. El universo dispone de esos mecanismos para avisarnos sobre qué puede estar bien para el aprendizaje del ser. Otra cosa sería llenarse de coraje porque se siente exactamente todo lo contrario. Un anhelo, una fuerza o un sentir que, aunque a veces venga acompañado de dolor, está ahí. Entonces no hay circunstancia que te aleje de tu propósito porque sabes a ciencia cierta que ese es el camino, que esa es la cimentación que tus pasos necesitan para seguir adelante.

A veces somos profesionales del fracaso. Nuestra especialidad es caminar y hacerlo torpemente. Por el camino dejamos muchas cosas. Amores, amistades, relaciones, bienes materiales, promesas incumplidas, de todo. El fracaso tiene su correspondencia. Significa que algo se ha caminado, que algo se ha avanzado. No importa si hubo uno o mil errores. Lo que importa es que se avanzó, que algo se quebró para construir algo nuevo.

Cuando tienes a alguien delante puedes sentir un gran anhelo por abrazarlo o por odiarlo. Esas emociones solo son avisos sobre lo que verdaderamente hay que hacer. O acercarte o alejarte de esa persona. Hay seres muy complejos que no toleran la compañía del otro. Puro sentimiento narcisista que solo gira sobre su propio eje. Que está a tu lado si las cosas van bien pero que desaparecen de forma cobarde si las cosas se ponen feas. Otras veces te encuentras con seres cándidos a los que solo te apetece abrazar, besarlos, amarlos, apretarlos sobre tu vida.

Los caminos de la vida son así, excepto para aquellos que prefieren no caminar. Que se sienten a gusto en su regazo, en su ministerio de seguridad, en su tropel de bienestar. Enfrentarnos a lo desconocido, y todos los caminos, sean los que sean, guardan algo de misterio, siempre nos da miedo, pavor, duda y desconfianza. Siempre montamos una vida que nos acerque a la seguridad y pocas veces estamos dispuestos a arriesgar, excepto en nuestras fantasías, en nuestras ilusiones nunca cumplidas. Ya lo sabemos, el riesgo siempre conlleva pérdida. El caminar siempre trae consigo el alejarnos día a día de nuestro espacio de seguridad.

La valentía y el coraje de enfrentarnos a ese hecho no siempre está de nuestra parte. Realmente solemos abrazar nuestra propia cobardía, escondernos en esa máscara que hemos creado para sobrevivir a un mundo hostil. Hay veces, que por no movernos, por no actuar, nos volvemos enemigos de nosotros mismos. Nos alejamos de la llamada y nos encerramos en nuestros vacíos, esperando pacientes a que las olas se calmen y desechando la bravura del mar como parte del reto y el aprendizaje.

Todos los días nos enfrentamos al fracaso. Todos los días nos levantamos de nuevo ante las oportunidades de la vida. Sólo debemos escoger, no el camino más cómodo, sino el que nos llene por dentro de fuerza y coraje, de determinación y valentía. El resto serán más livianos, pero solo conducen al mismo lugar de partida. Ciclos y ciclos que se repiten una y otra vez por no haber encarado el timón de nuestras vidas, de nuestro amor o de nuestra existencia más profunda. La rueda convertida en espiral ascendente es solo un camino iniciático. Es necesaria cierta muerte, cierta renuncia, para seguir adelante.

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4 thoughts on “El espíritu ascendente

  1. Porque no publicas este email?
    Bienvenida un poco mas de realidad. Le hace tanta falta a este proyecto lleno de fantasias no utopicas.
    Suerte que teneis vosotros, la casta del proyecto, a tipos como Luisje que se caracterizan por una entrega extraordinaria de corazon y humildad. Tan necesarios en todos los proyectos humanos.
    Ay, Ay, Ay que no se os acabe nunca las ganas de mejorar y aprender.
    Y ser valientes. Tal vez no paseis de ser un proyecto utopico topico, pero algo vais a aprender seguro.
    Buena suerte

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    • Hola anónimo, la verdad es que tienes razón. Si no fuera por Luije no sé que sería de este proyecto. Seguramente desaparecía. Así que nos sentimos felices y contentos por su entrega y compañía. Nosotros, la casta, pues eso, un desastre.

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  2. Hola Javier. Si, He sazonado durante meses y de cuando en vez, tu blog; reflexiones, versos, alguna critica…
    Cuando recibi el correo con la entrada que menciono, supe que ya estaba bien, era hora de dejarlo.
    Si, comprendi vividamente que este blog solo reflejaba las elucubraciones y vicisitudes del autor.
    Interesantes, pero no lo que buscaba.
    Disculpa mi torpeza, y lo estridente que puedan sonar o haber sonado algunas palabritas.
    Debo decir que he procurado ser discreto y decir poco o nada. Aun viendo y sintiendo mucho.
    Hay algo que me sigue vinculando a vosotros, es dificil de explicar asi sin mas, sin otros recursos…
    Sigo apoyando vuestro proyecto, de la forma que vengo haciendolo. Grano a grano se hace granero.

    Siento que volveré por esas tierras altas, siempre que haya un huerto que cuidar, y un barco arribe en mi lejana atalaya oceánica,
    Ah si, la razon con co-razon alegrara ofrecersela al interesado, ese que afecta al sentir de tu felicidad.
    En cuanto a la “casta” no dura siempre.

    Un abrazo antidesastre.
    Y feliz solsticio a todos 😉
    Juan C.

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    • Gracias querido Juan C. por tu comentario. La realidad siempre es compleja. Está diseñada de tal forma que cada uno solo puede ver una parte de la misma, y además, desde una visión cargada de desenfoques que provienen de nuestro propio cristal interior. Nos necesitamos para complementarnos, y siempre resulta más agradable hacerlo desde la parte dulce. Lo amargo siempre está ahí y nunca somos capaces de esquivarlo. También es la vida. También es la realidad. Un abrazo sentido.

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