Aquello que somos, aquello que hacemos


A

Cuando este fin de semana limpiábamos el futuro saloncito junto con L. algo hermoso estaba ocurriendo. L. es la misma joven que nos donó hace poco mil euros fruto de sus ahorros. Decía mientras limpiábamos sin parar que desde que vino a O Couso algo cambió. Tan joven y vegetariana desde hace algunos años, sensible, curiosa e inteligente, para nosotros ha sido una revelación el haberla conocido. Casi llegamos tarde al tren esta mañana porque no se quería marchar. Cuando le hemos preguntado porqué deseaba volver ha dicho: “por lo que hacéis, por cómo sois, por todo…

Cuando ocurren estos testimonios, que casi son diarios en este hermoso valle del Mao, entendemos de alguna forma por qué estamos aquí. No es por satisfacer nuestro eguito ni por disfrutar a solas de un retiro de oro. Es precisamente para eso, para compartir, para inspirar, para crecer con el otro, junto al otro, por el otro.

Cuando hoy disfrutábamos del hermoso y humilde saloncito solo podíamos pensar en una chimenea rodeada de gente compartiendo esperanza y tejiendo amor para el mundo. Este lugar solo puede cobrar sentido cuando nos comprometemos realmente hacia un cambio interior, de paradigma, de visión de las cosas. Cuando nos inspiramos unos a otros y empezamos a cambiar nuestras emociones, nuestros pensamientos y nuestros hábitos. Cuando nos miramos en el espejo del otro y por fin podemos ver tan solo sus cosas buenas, su cara amable, su sonrisa iluminada.

Es cierto que en un año el esfuerzo ha sido ingente y que han habido muchos cambios en este pequeño proyecto. Mientras hoy hacíamos de fontaneros e intentábamos instalar un fregadero en la futura nueva cocina nos dábamos cuenta de todo lo que hemos avanzado en un año, pero sobre todo, nos dábamos cuenta de todo lo que nos queda por delante.

O Couso es un lugar de transformación y de inspiración. Eso ya lo estamos viendo. Pero también estamos viendo con cierto nerviosismo que será algo mucho más impresionante en nuestros corazones. Presentimos que todo lo que ha ocurrido en este tiempo no ha sido nada casual. Sabemos interiormente que estamos aquí por algo. Como aquellos caballeros que compartían orgullosos la protección de los lugares santos, de los caminos y de los peregrinos.

Hoy nos sentimos satisfechos. Hemos descubierto que la magia existe, que la transformación es posible si abrazamos de nuevo la fe en el espíritu humano. A pesar de las tragedias que sacuden el mundo (no podemos más que pensar en todo lo sucedido estos días), la esperanza está germinando en los semilleros del futuro.

Y cada día son más esos hortelanos y jardineros que cuidan la tierra común, que riegan con su sudor cada poro labrando con sus manos cada surco con la ilusión de un mañana mejor.

Sí, nos sentimos satisfechos por nuestro pequeño granito de arena. Es poco, es humilde, pero Es. Y ese Es, ese siendo en gerundio ya es motivo de esperanza y fe en el mañana. Aquello que somos, aquello que hacemos será lo que marque el futuro de todos. Cumplamos nuestra parte. Aquí, ahora.

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